Página 113 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 1 (2003)

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Traslado a Míchigan
En 1855 los hermanos de Míchigan prepararon el camino para
que la obra de publicaciones se estableciera en Battle Creek. En ese
tiempo mi esposo debía entre dos y tres mil dólares, y todo lo que
tenía, además de los libros impresos, eran cuentas por cobrar por
libros vendidos, y algunas de éstas eran dudosas. La causa aparen-
temente había llegado a un punto en el que debía detenerse. Los
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pedidos de publicaciones eran escasos y de poca monta, por lo que él
temía morir endeudado. Los hermanos de Míchigan nos socorrieron
consiguiendo un terreno y edificando una casa. La escritura estaba
registrada a mi nombre, de modo que yo podía disponer de estos
bienes como lo considerara conveniente después de la muerte de mi
esposo.
Esos fueron días de tristeza. Pensaba en mis tres hijitos y temía
que pronto quedaran sin padre. Sin querer surgían en mi mente
pensamientos como: Mi esposo se muere por exceso de trabajo en la
causa de la verdad presente. ¿Y quién sabe todo lo que ha sufrido,
las cargas que ha llevado durante años, las extremas preocupaciones
que han destruido su ánimo y arruinado su salud, llevándolo a una
muerte prematura, y dejando a su familia desposeída y dependiente
de otros? Con frecuencia hice esta pregunta: ¿No se preocupa Dios
de estas cosas? ¿Las deja pasar sin notarlas? Me sentía reconfortada
sabiendo que hay Uno que juzga con justicia y que anota en el cielo y
recompensa todo sacrificio, todo acto de abnegación y toda angustia
soportados por su causa. El día del Señor pondrá de manifiesto cosas
que hasta ahora no se han revelado.
Se me mostró que Dios se proponía levantar a mi esposo en forma
gradual; que debíamos ejercer una fe firme, porque en cada esfuerzo
que realizáramos seríamos atacados ferozmente por Satanás; que
debíamos apartar nuestra vista de la apariencia exterior, y creer. Tres
veces al día mi esposo y yo nos presentábamos independientemente
delante de Dios para orar fervientemente por la recuperación de su
salud. Con frecuencia uno de nosotros caía postrado por el poder
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