Página 244 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 1 (2003)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 1
Dios. Que vuestros hijos no roben vuestra ofrenda del altar de Dios
para usarla en beneficio propio.
Vi que en tiempos antiguos la codicia de algunos los inducía
a retener una buena parte de sus recursos; con eso presentaban
una ofrenda mezquina. Eso se registraba en el cielo, por lo que la
maldición caía sobre su cosecha y sus rebaños proporcionalmente a
lo que habían retenido. En el caso de algunos, su familia era afligida
con enfermedades. Dios no estaba dispuesto a aceptar una ofrenda
imperfecta. Debía ser sin tacha, la mejor del rebaño, y los frutos
debían ser las primicias del campo. Debía ser una ofrenda voluntaria
si deseaban tener la bendición del Señor sobre su familia y sus
posesiones.
Se me presentó el caso de Ananías y Safira para ilustrar lo que
hacen los que evalúan su propiedad por debajo de su valor real.
Ananías y Safira pretendieron dar al Señor una ofrenda voluntaria
de sus posesiones. Pedro dijo: “¿Vendisteis en tanto la heredad?”
La respuesta de Safira fue: “Sí, en tanto”.
Hechos 5:8
. Algunos en
este tiempo maligno no considerarían eso una mentira. Pero así lo
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considera el Señor. La habían vendido en tanto, y en mucho más.
Habían fingido dedicarlo todo a Dios. A él se lo habían encubierto y
su retribución no tardó en llegar.
Vi que mediante el plan de la dadivosidad sistemática se prueban
los corazones. Es una prueba de vigencia permanente. Lo hace a uno
comprender lo que tiene en su propio corazón y ver si predomina
la verdad o el amor al mundo. Esta es una prueba para los que son
egoístas y codiciosos por naturaleza. Estos evaluarán sus posesiones
en muy poco. En eso actúan con fingimiento. Dijo el ángel: “Maldito
el que hace engañosamente la obra del Señor”. Los ángeles observan
el desarrollo del carácter, y el informe de las acciones de tales perso-
nas es llevado al cielo por los mensajeros celestiales. Algunos serán
castigados por Dios por estas cosas, y sus entradas serán rebajadas
para que armonicen con los cálculos que ellos han hecho acerca del
valor de sus bienes. “Hay quienes reparten, y les es añadido más, y
hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza.
El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será
saciado”.
Proverbios 11:24-25
.
Se requiere de todos que se interesen en esta obra. Los que
usan tabaco, té y café debieran poner de lado esos ídolos, y colocar