Página 298 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 1 (2003)

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Organización
El 3 de agosto de 1861 se me mostró que algunos habían temido
que nuestras iglesias se convertirían en Babilonia si se las organiza-
ba; pero las iglesias de la zona central de Nueva York ya han sido
una perfecta Babilonia, confusión. Y ahora, a menos que las iglesias
sean organizadas para continuar su marcha y poner en vigencia el
orden, no tienen ninguna esperanza para el futuro, y serán esparcidas
en fragmentos. Enseñanzas anteriores han alimentado los elementos
de la desunión. Se ha fomentado el espíritu de vigilancia y acusación
antes que de edificación. Si los ministros de Dios adoptaran una
posición unida, y la mantuvieran con decisión, se produciría una
influencia que tendería a la unión del rebaño de Dios. Las barreras
de separación serían rotas en fragmentos. Los corazones se elevarían
y se unirían como gotas de agua. Entonces habría poder y fortaleza
en las filas de los observadores del sábado, superiores a todo lo que
hemos presenciado.
Los corazones de los servidores de Dios se entristecen cuando
éstos viajan de una iglesia a otra y encuentran la influencia opositora
de sus hermanos en el ministerio. Hay quienes se han levantado
listos para oponerse a cada paso progresivo que ha dado el pueblo
de Dios. Los corazones de quienes se han atrevido a avanzar han
sido entristecidos y afligidos por la falta de acción unida de parte de
sus colaboradores. Estamos viviendo en un tiempo solemne. Satanás
y los ángeles malignos están trabajando con gran poder, teniendo
al mundo de su parte para ayudarles. Y los profesos observadores
del sábado que aseveran creer en verdades solemnes e importantes,
unen sus fuerzas con la influencia combinada de los poderes de las
tinieblas para distraer y destruir lo que Dios se propone edificar.
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La influencia de tales personas queda registrada como acción de
quienes retardan el progreso de la reforma entre el pueblo de Dios.
El desconcierto producido por el tema de la organización ha
manifestado una gran falta de valor moral de parte de los ministros
que proclaman la verdad presente. Algunos que estaban convencidos
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