Página 166 - Joyas de los Testimonios 2 (2004)

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Joyas de los Testimonios 2
malicia del jefe de los rebeldes se encienden cuando contempla la
evidencia de la supremacía de Cristo, y con poder y astucia infernales
trabaja para arrebatarle el residuo de los hijos de los hombres que
han aceptado su salvación.
Satanás el acusador
Induce a los hombres al escepticismo, haciéndoles perder la
confianza en Dios y separarse de su amor; los induce a violar su
ley, luego los reclama como cautivos suyos y disputa el derecho
de Cristo a arrebatárselos. Sabe que aquellos que buscan a Dios
fervientemente para alcanzar perdón y paz, los obtendrán; por lo
tanto les recuerda sus pecados para desanimarlos. Constantemente
busca ocasión de acusar a aquellos que procuran obedecer a Dios.
Trata de hacer aparecer como corrompido aun su servicio mejor y
más aceptable. Mediante incontables designios muy sutiles y crueles,
intenta obtener su condenación.
El hombre no puede por sí mismo hacer frente a estas acusacio-
nes. Con sus ropas manchadas de pecado, confiesa su culpabilidad
delante de Dios. Pero Jesús, nuestro Abogado, presenta una súplica
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eficaz en favor de todos los que mediante el arrepentimiento y la
fe le han confiado la guarda de sus almas. Intercede por su causa y
vence a su acusador con los poderosos argumentos del Calvario. Su
perfecta obediencia a la ley de Dios, aun hasta la muerte de cruz, le
ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra, y él solicita a su Padre
misericordia y reconciliación para el hombre culpable. Al acusador
de sus hijos declara: “¡Jehová te reprenda, oh Satanás! Estos son
la compra de mi sangre, tizones arrancados del fuego.” Y los que
confían en él con fe reciben la consoladora promesa: “Mira que he
hecho pasar tu pecado de ti, y te he hecho vestir de ropas de gala.”
Zacarías 3:4
.
Todos los que se hayan revestido del manto de la justicia de
Cristo subsistirán delante de él como escogidos fieles y veraces.
Satanás no puede arrancarlos de la mano de Cristo. Cristo no dejará
que una sola alma que con arrepentimiento y fe haya pedido su
protección, caiga bajo el poder del enemigo. Su Palabra declara:
“¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz, sí, haga paz
conmigo.”
Isaías 27:5
. La promesa hecha a Josué es hecha a todos: