Página 26 - Joyas de los Testimonios 2 (2004)

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Se condenan las críticas y los celo
Me duele decir que hay lenguas indisciplinadas entre los miem-
bros de la iglesia. Hay lenguas falsas que se alimentan de la maldad.
Hay lenguas astutas y murmuradoras. Hay charla, impertinente entro-
metimiento, hábiles interrogaciones. Entre los amadores del chisme,
algunos son impulsados por la curiosidad, otros por los celos, mu-
chos por el odio contra aquellos por cuyo medio Dios ha hablado
para reprenderlos. Todos estos elementos discordantes trabajan. Al-
gunos ocultan sus verdaderos sentimientos, mientras que otros están
ávidos de publicar todo lo que saben, o aun sospechan, de malo
contra otros.
Vi que hasta el espíritu de perjurio, capaz de trocar la verdad en
mentira, lo bueno en malo, la inocencia en crimen, está ahora activo.
Satanás se regocija por esta condición de los que profesan ser pueblo
de Dios. Mientras muchos están descuidando sus propias almas,
buscan ávidamente una oportunidad de criticar y condenar a otros.
Todos tienen defectos de carácter, y no es difícil hallar algo que los
celos puedan interpretar para su perjuicio. “Ahora—dicen éstos que
se han constituído en jueces,—tenemos los
hechos
. Vamos a basar
en ellos una acusación de la cual no se podrán limpiar.” Esperan una
oportunidad adecuada, y entonces presentan su fardo de chismes, y
sacan sus calumnias.
En su esfuerzo por asentar un argumento, las personas que tienen
por naturaleza una imaginación viva, están en peligro de engañarse
a sí mismas y a otras. Recogen expresiones descuidadas de otra
persona, sin considerar que a veces ciertas palabras pueden haberse
dicho con premura y que, por lo tanto, no reflejan los verdaderos
sentimientos del que habló. Pero estas observaciones que no fueron
premeditadas, y que con frecuencia son tan triviales que no valen
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la pena de tenerse en cuenta, son miradas a través del vidrio de
aumento de Satanás, exageradas y repetidas, hasta que un terrón se
transforma en una montaña. Separados de Dios, los que sospechan
Testimonios para la Iglesia 5:94-98 (1882)
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