Página 503 - Joyas de los Testimonios 2 (2004)

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Reavivamiento del colportaje
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esto, usan la capacidad que Dios les ha dado, buscan su consejo y
combinan el trabajo de vender libros con la obra personal en favor
de la gente, sus talentos aumentarán con el ejercicio y aprenderán
muchas lecciones prácticas que no podrían aprender en la escue-
la. La educación obtenida de esta manera práctica puede llamarse
apropiadamente educación superior.
No hay obra superior
No hay obra superior a la del colportaje evangélico; porque
entraña el cumplimiento de los deberes morales más elevados. Los
que se dedican a esta obra necesitan estar siempre bajo el control
del Espíritu de Dios. No deben ensalzarse a sí mismos. ¿Qué tiene
cualquiera de nosotros que no haya recibido de Cristo? Debemos
amarnos como hermanos y revelar nuestro amor ayudándonos unos
a otros. Debemos ser compasivos y corteses. Debemos avanzar
juntos y trabajar unidos. Únicamente los que vivan de acuerdo con
la oración de Cristo y la cumplan en la vida práctica resistirán la
prueba que ha de sobrevenir a todo el mundo. Los que ensalzan al
yo, se colocan bajo el poder de Satanás y se preparan para recibir sus
engaños. La orden del Señor a su pueblo es que elevemos cada vez
más el estandarte. Si obedecemos a su voz, él obrará con nosotros,
y nuestros esfuerzos serán coronados de éxito. Obtendremos en
nuestra obra ricas bendiciones de lo alto y nos haremos tesoros junto
al trono de Dios.
Si tan sólo supiéramos lo que nos espera, no seríamos tan mo-
rosos en la obra del Señor. Estamos en el tiempo del zarandeo, en
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el tiempo en que todo lo que pueda ser sacudido será sacudido. El
Señor no disculpará a los que conocen la verdad y no obedecen a
sus órdenes en palabras y acciones. Si no hacemos esfuerzo para
ganar almas para Cristo, seremos tenidos por responsables de la obra
que podríamos haber hecho pero no hicimos por nuestra indolencia
espiritual. Los que pertenecen al reino del Señor deben obrar fer-
vientemente para la salvación de las almas. Deben hacer su parte
para atar la ley y sellarla entre los discípulos.
El Señor quiere que la luz que derramó sobre las Escrituras
resplandezca en rayos claros y brillantes; y es deber de nuestros col-
portores hacer un esfuerzo enérgico y concertado para que se cumpla