Página 203 - Mensajes Selectos Tomo 2 (1967)

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Los obreros de nuestras instituciones
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servicio; y cuando los hombres utilizan sus habilidades para su
beneficio personal, y no se preocupan de trabajar en armonía con
los de la profesión médica, que son de su misma fe, manifiestan que
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están inclinados a juzgarlos por sí mismos. No tratan de contestar la
oración de Cristo, quien rogó que ellos fuesen uno solo así como lo
es él con su Padre. Cuando exigen remuneraciones exorbitantes por
sus servicios, Dios, el Juez de toda la tierra, les exigirá de acuerdo
con la medida de su propia estimación exagerada, y requerirá de
ellos que rindan cuenta de acuerdo con toda la extensión del valor
que se han puesto a sí mismos.
Así como ellos juzgan su valor desde el punto de vista monetario,
Dios juzgará sus obras comparando sus servicios con la evaluación
que han hecho de ellos. A menos que se convierta, ninguno de los
que de este modo pone precio excesivo a su habilidad podrá entrar
en el cielo, porque su influencia personal en el servicio de Cristo
nunca equilibrará el platillo de la balanza donde se ha colocado la
estimación que él ha hecho de sí mismo y sus exigencias económicas
por sus servicios prestados a otros...
El que es egoísta y codicioso, que está ansioso por tomar hasta
el último peso que pueda de nuestras instituciones por el pago por
sus servicios, está limitando la obra de Dios; ciertamente tendrá su
recompensa. No puede ser considerado digno de que se le confíe
la recompensa eterna y celestial en las mansiones que Cristo ha
ido a preparar para los que se niegan a sí mismos, toman la cruz y
lo siguen. La idoneidad de los hombres para entrar en la herencia
comprada con sangre se examina durante esta vida, que sirve como
un tiempo de prueba. Aquellos que tienen el espíritu de abnegación
manifestado por Cristo, cuando se entregó a sí mismo para la sal-
vación de la humanidad caída, son los que beberán de la copa, que
serán bautizados con el bautismo, y que compartirán las glorias del
Redentor.—
Carta 41, 1890
.
Importancia de la abnegación
Se me mostró que la obra de las publicaciones no debería lle-
varse a cabo siguiendo los mismos principios que imperan en las
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demás editoriales, porque se trata de algo así como de una escuela de
preparación. Todos los que se relacionan con ella han de ser misione-