Página 113 - Joyas de los Testimonios 3 (2004)

Basic HTML Version

Direcciones a seguir al edificar
109
La sencillez cristiana en la edificación
Dios desea que en nuestras instituciones se manifieste siempre
el espíritu humilde y manso del Maestro, quien es la Majestad del
cielo y el Rey de gloria. No se ha estudiado debidamente la primera
venida de Cristo. El vino para ser nuestro Ejemplo en todo. Su vida
fué una vida de estricta abnegación. Si seguimos su ejemplo, no
gastaremos jamás dinero sin necesidad. No hemos de buscar lo que
sólo sería ostentación. Procuremos más bien que la luz resplandezca
por medio de nuestras buenas obras y que Dios sea glorificado por
el empleo de los mejores métodos de sanar a los enfermos y aliviar
a los que sufren. Lo que da carácter a nuestra obra, no es el dinero
que enterramos en la construcción de nuestros edificios, sino nuestra
perseverancia en los principios religiosos y la semejanza de nuestro
carácter al de Cristo.
Los errores cometidos en el pasado en la construcción de ciertos
edificios, deben ser advertencias saludables para lo por venir. Debe-
mos ver en qué se equivocaron otros, y en vez de imitar sus errores,
tratar de hacer mejor que ellos. En todo paso adelante, debemos
tener en cuenta la necesidad de ahorrar. No debe hacerse ningún
gasto inútil. El Señor vendrá pronto, y nuestros gastos en edificios
deben armonizar con nuestra fe. Nuestros fondos deben dedicarse
a amueblar habitaciones alegres, y asegurar a los enfermos buenos
alimentos, así como un ambiente favorable para la salud.
Nuestras ideas referentes a construir y amueblar las institucio-
[119]
nes deben ser regidas por la práctica de una comunión constante y
humilde con Dios. No debe considerarse necesario dar a esos es-
tablecimientos una apariencia de riqueza. No debe confiarse en la
apariencia como medio de obtener éxito. No es más que un engaño.
El deseo de dar apariencias que no convienen siempre a la obra que
Dios nos ha asignado, es un tirano sin misericordia, porque exige el
gasto de grandes sumas de dinero; es como un cáncer roedor.
Los hombres de buen criterio prefieren la comodidad a la ele-
gancia y el lujo. Es un error pensar que las apariencias atraerán más
pacientes, y habrá por consiguiente más ganancias. Aun suponiendo
que este proceder aumentase la clientela, no podemos consentir que
nuestros sanatorios sean amueblados según las costumbres de lujo
de nuestro siglo. La influencia cristiana es demasiado valiosa para