Página 191 - Joyas de los Testimonios 3 (2004)

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Disciplina eclesiástic
Al tratar con los miembros de la iglesia que yerran, el pueblo
de Dios debe seguir cuidadosamente las instrucciones dadas por el
Salvador en el
capítulo 18
de Mateo.
Los seres humanos son propiedad de Cristo, comprados por él a
un precio infinito, y vinculados con él por el amor que él y su Padre
han manifestado hacia ellos. ¡Cuán cuidadosos debemos ser, pues,
en nuestro trato unos con otros! Los hombres no tienen derecho a
sospechar el mal con respecto a sus semejantes. Los miembros de
la iglesia no tienen derecho a seguir sus propios impulsos e incli-
naciones al tratar con miembros que han errado. No deben siquiera
expresar sus prejuicios acerca de los que erraron; porque así ponen
en otras mentes la levadura del mal. Los informes desfavorables
de un hermano o hermana de la iglesia se comunican de unos a
otros miembros. Se cometen errores e injusticias porque algunos no
quieren seguir las instrucciones dadas por el Señor Jesús.
“Si tu hermano pecare contra ti—declaró Cristo,—ve, y redar-
gúyele entre ti y él solo.”
Mateo 18:15
. No habléis del mal a otro.
Si este mal es contado a una persona, luego a otra, y aun a otra, el
informe crece continuamente, y el daño aumenta hasta que toda la
iglesia tiene que sufrir. Arréglese el asunto “entre ti y él solo.” Tal
es el plan de Dios. “No salgas a pleito presto, no sea que no sepas
qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya dejado confuso.
Trata tu causa con tu compañero y no descubras el secreto a otro.”
Proverbios 25:8, 9
. No toleréis el pecado en vuestro hermano; pero
no lo expongáis ni aumentéis la dificultad haciendo que la reprensión
parezca como una venganza. Corregidle de la manera esbozada en
la Palabra de Dios.
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No permitáis que el resentimiento madure en malicia. No dejéis
que la herida se infecte y reviente en palabras envenenadas que
manchen la mente de quienes las oigan. No permitáis que los pensa-
Testimonios para la Iglesia 7:260-264 (1902)
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