Página 141 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 4 (2007)

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Misioneros en el hogar
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des y tampoco ha entendido sus mentes activas y en desarrollo. Por
ello ha rehusado otorgarles sencillas indulgencias que los habrían
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gratificado sin correr peligro alguno. Prestar mayor atención a sus
hijos habría sido una pequeñísima carga para usted que habría sido
de gran valor para ellos.
Vivir en el campo sería muy beneficioso para ellos; la vida activa
al aire libre desarrolla por igual la salud de la mente y del cuerpo.
Sería conveniente que se ocuparan del cuidado de un huerto; de ese
modo podrían divertirse a la vez que desempeñan una tarea útil. El
cultivo de plantas y flores acrecienta el gusto y el buen juicio, a la
vez que la familiaridad con las útiles y bellas creaciones ejerce una
noble influencia sobre la mente al respecto del Hacedor y Amo de
todo.
El padre de sus hijos fue severo, frío, autoritario e inflexible con
ellos, su disciplina era estricta y sus exigencias eran irracionales.
Era un hombre de carácter especial, encerrado en sí mismo, que sólo
pensaba en su propio placer. Buscaba por cualquier medio su propia
gratificación y la estima ajena. Su indolencia y sus hábitos disipados,
junto con su falta de compasión y amor por usted y sus hijos, enfrió
su afecto por él desde los primeros días. Su vida se llenó de pruebas
difíciles y extrañas a la vez que él era indiferente a las cargas que
soportaba y los cuidados que le dispensaba.
Estas cosas dejaron su huella en usted y sus hijos. En particular,
han tendido a hacer que su carácter sea más retraído. Casi sin darse
cuenta, ha desarrollado un espíritu independiente. Pensando que no
podía depender de su esposo, tomó el camino que creyó que era el
mejor sin depositar su confianza en él. Puesto que no apreciaba sus
esfuerzos, mentalmente se dispuso a avanzar según sus propios jui-
cios, sin tener en cuenta las censuras o la aprobación. Era consciente
de que su esposo la ofendía y la juzgaba mal, abrigó un sentimiento
de amargura contra él y, cuando alguien la censuraba o cuestionaba
su comportamiento, se volvía contra esa persona.
Aunque se ha dado completa cuenta de las faltas de su esposo, no
ha conseguido apercibirse de las suyas. Cometió un error al hablar a
otros de las ofensas de su esposo, cultivando la complacencia por
los temas desagradables y fijando constantemente su atención en
las pruebas y sinsabores que ha sufrido. De ese modo cayó en el
vicio de dar bombo a sus penas y dificultades, muchos de los cuales
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