Página 226 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 4 (2007)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 4
de Salud, los que desean ser misioneros tienen un gran campo en el
cual trabajar. Dios no quiere que algunos de nosotros constituyan
una minoría privilegiada, que sean considerados con gran deferencia,
mientras se descuida a los demás. Jesús era la Majestad del cielo; sin
embargo, se rebajó a ministrar a los más humildes, sin consideración
de personas ni posición.
Los que tienen todo su corazón en el trabajo hallarán en el Ins-
tituto de Salud bastante que hacer para el Maestro en el alivio de
aquellos que sufren y se hallan bajo su cuidado. Nuestro Señor,
después de realizar el trabajo más humillante por sus discípulos,
les recomendó que siguiesen su ejemplo. Esto había de recordar-
les constantemente que no debían sentirse superiores al santo más
humilde.
Los que profesan nuestra exaltada fe, que guardan los manda-
mientos de Dios y esperan la pronta venida, de nuestro Señor, deben
ser distintos y separados del mundo que los rodea, deben ser un
pueblo peculiar celoso de buenas obras. Entre las peculiaridades que
deben distinguir al pueblo de Dios del mundo, en estos postreros
días, se cuenta su humildad y mansedumbre. “Aprended de mí”, dice
Cristo, “que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso
para vuestras almas”.
Mateo 11:29
. Tal es el reposo que tantos anhe-
lan y para cuya obtención gastan vanamente tiempo y dinero. En vez
de albergar la ambición de ser iguales a otros en honra y posición, o
tal vez superiores, debemos tratar de ser humildes y fieles siervos
de Cristo. El espíritu de engrandecimiento propio creó contención
entre los apóstoles aun mientras Cristo estaba con ellos. Disputaban
acerca de quién era el mayor entre ellos. Jesús se sentó, y llamando
a los doce, les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, será el postrero
de todos, y el servidor de todos”.
Marcos 9:35
.
Cuando la madre de dos hijos presentó una petición para que
sus hijos fueran favorecidos de manera especial, sentándose el uno
a su derecha y el otro a su izquierda en su reino, Jesús les hizo
comprender que la honra y gloria de su reino iban a ser el reverso de
la gloria y honra de este mundo. Cualquiera que desee ser grande,
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debe ser un humilde siervo de los demás; y todo aquél que desee ser
el principal debe ser el siervo, así como el Hijo de Dios era ministro
y siervo de los hijos de los hombres.