Página 281 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 4 (2007)

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Experiencias y trabajos
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la noche conversando y meditando sobre la bondad y el amor de
Dios, y glorificándolo con regocijo.
Decidimos que emplearíamos un medio de transporte privado
durante una parte del viaje a la reunión de campo de Vermont.
Pensábamos que sería beneficioso para la salud de mi esposo. A
mediodía nos detuvimos en la cuneta, encendimos una hoguera,
preparamos el almuerzo y tuvimos una sesión de oración. Nunca
olvidaré esas preciosas horas transcurridas junto al hermano y la
hermana Haskell, la hermana Ings y la hermana Huntley. Nuestras
oraciones ascendieron a Dios durante todo el viaje desde South
Lancaster hasta Vermont. Al cabo de tres días, tomamos el ferrocarril
y terminamos así nuesro viaje.
Esa reunión fue especialmente beneficiosa para la causa en Ver-
mont. El Señor me dio fuerzas para hablar a las personas al menos
una vez al día. Cito la narración que el hermano Urias Smith hace
de la reunión, publicada en la Review and Herald:
“Para gran regocijo de los presentes, el hermano y la hermana
White y el hermano Haskell asistieron a la reunión. En el campamen-
to se observó, el sábado 8 de septiembre, el día de ayuno establecido
con especial referencia al estado de salud del hermano White. Hubo
libertad en la oración y tuvimos buenas muestras de que las ora-
ciones no eran en vano. La bendición del Señor descendió sobre
su pueblo en gran medida. La tarde del sábado, la hermana White
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habló con mucha libertad y efecto. Alrededor de cien personas se
adelantaron para orar, manifestando un profundo sentimiento y un
sincero propósito de buscar al Señor”.
De Vermont fuimos directamente a la reunión de campo de
Nueva York. El Señor me dio gran libertad para hablar al pueblo. Sin
embargo, algunos no estaban preparados para recibir los beneficios
de la reunión. No se dieron cuenta de su condición y no buscaron
sinceramente al Señor, confesando sus transgresiones y dejando sus
pecados. Uno de los grandes objetivos de las reuniones de campo es
que nuestros hermanos sientan el peligro que corren al sobrecargarse
con las preocupaciones de la vida. Cuando estos privilegios no se
mejoran, se produce una gran pérdida.
Regresamos a Míchigan y, al cabo de unos día fuimos a Lansing
para asistir a la reunión de campo que se celebraba en ese lugar y
continuó durante dos semanas. Allí trabajé muy intensamente y el