Página 518 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 4 (2007)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 4
acechado como una fiera por sus perversos enemigos. Daniel fue
arrojado al foso de los leones, porque era firme e íntegro en su
fidelidad a Dios. Job fue privado de sus posesiones mundanales, y
tan afligido en su cuerpo que le aborrecían sus parientes y amigos;
sin embargo, conservó su fidelidad e integridad a Dios. Jeremías
habló las palabras que Dios había puesto en su boca, y su sencillo
testimonio enfureció de tal manera al rey y a los príncipes que le
arrojaron a una repugnante mazmorra. Esteban fue apedreado porque
predicaba a Cristo, y Cristo crucificado. Pablo fue encarcelado,
azotado, apedreado, y finalmente muerto, porque era fiel mensajero
en llevar el evangelio a los gentiles. El amado Juan fue desterrado a
la isla de Patmos, “por causa de la palabra de Dios y el testimonio
de Jesucristo”.
Apocalipsis 1:9
.
Estos ejemplos de firmeza humana, mediante la fuerza del poder
divino, son para el mundo un testimonio de la fidelidad de las prome-
sas de Dios, de su permanente presencia y de su gracia sostenedora.
Cuando el mundo mira a estos hombres humildes, no puede discernir
el valor moral que tienen para Dios. Es obra de fe reposar serena-
mente en Dios en la hora más sombría y sentir que nuestro Padre
está al timón, por severamente probado y agitado por la tempestad
que uno esté. Sólo el ojo de la fe puede ver más allá del tiempo y de
los sentidos para estimar el valor de las riquezas eternas.
Un gran jefe militar conquista naciones, sacude los ejércitos de
medio mundo; pero muere vencido y en el destierro. El filósofo que
recorre el universo encontrando por doquiera las manifestaciones
del poder de Dios y deleitándose en su armonía, con frecuencia
deja de contemplar en estas admirables maravillas la mano que las
formó. “El hombre que está en honra y no entiende, semejante es
a las bestias que perecen”.
Salmos 49:20
. Ninguna esperanza de
inmortalidad gloriosa alumbra el futuro de los enemigos de Dios.
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Pero los héroes de la fe tienen la promesa de una herencia más
valiosa que cualquier riqueza terrenal, una herencia que satisfará los
anhelos del alma. Pueden ser desconocidos por el mundo, pero son
anotados como ciudadanos en los libros de registro del cielo. Una
grandeza exaltada, un eterno peso de gloria, será la recompensa final
de aquellos a quienes Dios ha hecho herederos de todo.
Los ministros del evangelio deben hacer de la verdad de Dios
el tema de su estudio, meditación y conversación. La mente que