Página 248 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 5 (1998)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 5
de los de vida humilde si él hubiera venido con altivez y vivido
como un monarca sobre la tierra? Jesús conocía las necesidades del
mundo mejor que ellos mismos. No vino como ángel, vestido con la
panoplia celeste, sino como hombre. Sin embargo, en combinación
con su humildad había un poder y una grandeza inherentes que los
hombres admiraban a la vez que lo amaban. Aunque poseía tanto
atractivo a la vez que una apariencia tan modesta, caminaba entre
los hombres con la dignidad y autoridad de un rey nacido del cielo.
La gente se admiraba, se confundía. Trataba de razonar en cuanto a
la situación, pero, no queriendo abandonar sus propias ideas, cedían
a sus dudas, aferrándose a la antigua expectación del Salvador que
vendría con terrenal esplendor.
Cuando Cristo pronunció el Sermón del Monte, sus discípulos
se apiñaron en torno a él y la multitud, poseída de una intensa cu-
riosidad, también se acercó lo más posible. Esperaban algo fuera
de lo común. Los rostros ansiosos y la actitud atenta eran indicio
de gran interés. La atención de todos parecía estar clavada sobre
el orador. Sus ojos estaban iluminados con un amor inefable, y la
expresión celestial de su rostro impartía significado a cada palabra
que profería. Había ángeles del cielo presentes en aquella multitud
atenta. Allí estaba también el enemigo de las almas con sus ángeles
malos, listo para contrarrestar hasta donde fuese posible la influencia
del Maestro celestial. Las verdades allí expresadas han atravesado
los siglos y han sido una luz en medio de la oscuridad general del
error. Muchos han encontrado en ellas lo que el alma más necesi-
taba: un fundamento seguro de fe y acción; pero en estas palabras
pronunciadas por el más grande Maestro que el mundo haya jamás
conocido, no había ninguna exhibición de elocuencia. El lenguaje
es claro y los pensamientos y sentimientos se caracterizan por la
mayor sencillez. Los pobres, los indoctos, los de mente más sencilla,
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pueden entenderlos. De una manera misericordiosa y bondadosa el
Señor del cielo se dirigía a las almas que había venido a salvar. Les
enseñaba como quien tenía autoridad, hablándoles las palabras de
vida eterna.
Todos debieran imitar al Modelo lo más cerca posible. Aunque
no pueden poseer la conciencia del poder que Jesús tenía, pueden de
tal manera vincularse a la Fuente del poder, que Jesús pueda morar
en ellos.