Página 328 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 5 (1998)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 5
reprensiones no se aplican a nosotros. “Engañoso es el corazón más
que todas las cosas, y perverso; ¿quién podrá conocerlo?”
Jeremías
17:9
. La adulación de nosotros mismos se puede confundir con la
emoción y el celo cristianos. El amor propio y la confianza propia
podrán asegurarnos que estamos en lo correcto, cuando en realidad
estamos lejos de cumplir los requisitos de la Palabra de Dios.
La Biblia es completa, clara y precisa. Define con exactitud cuál
debiera ser el carácter del verdadero discípulo de Cristo. Para que de
ninguna manera nos engañemos con respecto a nuestro verdadero
carácter, es preciso que escudriñemos las Escrituras con corazones
contritos, temblando ante la palabra del Señor. Hemos de esforzarnos
con perseverancia para vencer el egoísmo y la confianza propia. El
examen de conciencia ha de ser completo para que no exista ningún
peligro de autoengaño. No basta un ligero examen de sí mismo. Cada
día examine el fundamento de su esperanza y asegúrese de que en
realidad está en el amor de Cristo. Examine sinceramente su corazón,
porque en lo que a esto se refiere no puede permitirse correr ningún
riesgo. Determine lo que significa ser cristiano de corazón y luego
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vístase con la armadura de Dios. Estudie el Modelo; mire a Jesús, e
imítelo. Su paz mental, su esperanza de vida eterna dependen de su
fidelidad en esta obra. Como cristianos nos preocupamos menos del
examen personal que de cualquier otra cosa; no es de extrañar que
nuestro progreso en entendernos a nosotros mismos sea tan lento.
Le escribo estas cosas porque anhelo que sea salvo. No quiero
causarle desánimo, sino más bien alentarlo para que realice un es-
fuerzo más dedicado y vigoroso. El amor propio hará que la obra de
examen personal sea superficial; pero no permita que ninguna vana
confianza le robe la vida eterna. No se base en las faltas y errores de
los demás, sino más bien resuelva entre usted y su Dios la cuestión
de la cual depende su destino eterno.
“El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jeho-
vá mira el corazón” (
1 Samuel 16:7
), el corazón humano con sus
emociones conflictivas de gozo y tristeza, el corazón divagante y
voluntarioso que es el asiento de tanta impureza y engaño. El conoce
sus motivaciones, sus verdaderas intenciones y propósitos. Acuda a
él con su alma tal cual es, toda mancillada. Como el salmista, abra
las cámaras del corazón ante el ojo que todo lo ve y dígale: “Es-
cudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis