Página 390 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 5 (1998)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 5
que no es conmigo, contra mí es”.
Mateo 12:30
. No existe terreno
neutral entre aquellos que trabajan hasta el máximo de su capacidad
por el Señor y los que trabajan por el enemigo de las almas. Todo el
que se mantiene ocioso en la viña del Señor no solamente no hace
nada por sí mismo, sino que es un estorbo para los que hacen un
esfuerzo por trabajar. Satanás encuentra trabajo para todos los que
no se esfuerzan con ahínco para asegurar su propia salvación y la de
otros.
La iglesia de Cristo puede apropiadamente compararse a un
ejército. La vida de cada soldado es de penuria, dificultades y peligro.
Por todos lados hay enemigos vigilantes, dirigidos por el príncipe de
las potencias de las tinieblas, quien nunca duerme y nunca abandona
su puesto. Cuando quiera que el cristiano descuide su guardia, este
poderoso adversario ataca repentina y violentamente. A menos que
los miembros de la iglesia se mantengan activos y vigilantes, serán
vencidos por sus artificios.
¿Qué pasaría si la mitad de los soldados de un ejército estuvieran
ociosos o dormidos cuando se les ordenó estar en guardia? El re-
sultado sería la derrota, el cautiverio o la muerte misma. Si algunos
escapasen de las manos del enemigo, ¿merecerían algún premio?
No; prontamente recibirían la sentencia de muerte. De la misma
manera, el descuido y la deslealtad de la iglesia acarrea sobre ella
consecuencias mucho más graves. ¡Nada podría ser más terrible que
un ejército de cristianos adormecidos! ¿Qué avance podría hacerse
contra el mundo, el cual se encuentra bajo el control del príncipe de
las tinieblas? Aquellos que se retraen con indiferencia en el día del
combate, como si no tuvieran ningún interés ni sintieran ninguna
responsabilidad en cuanto al resultado de la campaña, harían bien
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en cambiar su proceder o abandonar las filas de inmediato.
El Maestro llama obreros evangélicos. ¿Quiénes responderán?
Todos los que ingresen en el ejército no han de ser generales, capi-
tanes, sargentos, o cabos. No todos tienen la sensibilidad y respon-
sabilidad necesarias para ser líderes. Hay mucho trabajo arduo de
otra clase que hay que hacer. Algunos tienen que cavar zanjas y edi-
ficar baluartes; otros han de colocarse como centinelas y otros como
portadores de mensajes. Aunque solamente hay pocos oficiales, se
necesitan muchos soldados para formar la tropa del ejército; con
todo, el éxito depende de la fidelidad de cada soldado individual. La