Página 517 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 5 (1998)

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Consejos a los jóvenes
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ensanchar y elevar su obra educativa. Tenemos frente a nosotros
un tiempo cuando la condición del mundo se volverá desesperante,
cuando la verdadera religión que conduce a la obediencia de un “Así
dice Jehová” se extinguirá casi por completo. A nuestros jóvenes se
les debe enseñar que las malas obras no son olvidadas ni se pasan por
alto por el hecho de que Dios no castigue inmediatamente con grande
ira a los prevaricadores. Dios lleva cuenta de las naciones. A través
de todos los siglos de la historia de este mundo, los malhechores han
estado acarreando sobre sí ira para el día de la ira; y cuando el tiempo
se cumpla plenamente, cuando la iniquidad haya alcanzado el límite
establecido por la misericordia de Dios, su paciencia se agotará.
Cuando las cifras acumuladas en el registro celestial lleguen al nivel
que indique que la suma de la transgresión se completó, vendrá la ira,
sin mezcla de misericordia, y entonces se comprenderá lo terrible
que ha sido haber agotado la paciencia divina. La crisis culminará
cuando las naciones se unan para invalidar la ley de Dios.
Vendrán días cuando los justos se conmoverán de celo por Dios
por causa de la iniquidad reinante. Nada sino el poder de Dios puede
poner coto a la arrogancia de Satanás coligada con hombres inicuos;
pero en la hora de mayor peligro para la iglesia ascenderán fervientes
oraciones en su favor de los labios del remanente fiel, y Dios oirá y
contestará justamente en el tiempo cuando la culpa del transgresor
haya llegado al grado máximo. El “hará justicia a sus escogidos, que
claman a él día y noche” (
Lucas 18:7
) y espera con longanimidad
en cuanto a ellos. Se llenarán de celo por el honor de Dios. Serán
fervientes en oración, y su fe se hará fuerte.
Hay muy poco entusiasmo entre los alumnos. Deben hacer es-
fuerzos más fervientes. Para aprender cómo estudiar, hay que estu-
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diar mucho. Cada alumno debe cultivar el hábito de la laboriosidad.
Debe asegurarse de que no salga de sus manos ninguna labor de
segunda clase. Debe acatar las palabras de Pablo dirigidas a Timoteo:
“Entretanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la ense-
ñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante
profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate
en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento
sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza;
persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los
que te escuchen”
1 Timoteo 4:13-16
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