Página 54 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 5 (1998)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 5
el tallo aparentemente sin vida es injertado en el árbol viviente, así
nosotros nos convertimos en ramas vivientes de la Vid Verdadera. Y
el fruto que lleva Cristo, lo llevarán sus seguidores también. Después
de obrada esta unión, podrá preservarse sólo mediante un esfuerzo
continuo, serio y ferviente. Cristo ejerce su poder para preservar y
proteger este sagrado vínculo, y el pecador dependiente e indefenso
ha de hacer su parte con energía incansable, de lo contrario Satanás
con su poder cruel y artero lo separará de Cristo.
Todo cristiano debe mantenerse en estado de vigilancia cons-
tante, guardando cada avenida del alma donde Satanás pueda hallar
entrada. Ha de pedir el auxilio divino y a la vez resistir resuelta-
mente toda inclinación al pecado. Con valor, por fe, por el esfuerzo
perseverante, podrá vencer. Que no olvide, sin embargo, que para
obtener la victoria Cristo tiene que habitar en él y él en Cristo.
La unión de los creyentes con Cristo conducirá, como resultado
natural, a la unión entre ellos, la cual es la más duradera que pueda
haber en la tierra. Somos uno en Cristo, así como Cristo es uno con
el Padre. Los cristianos son ramas, y nada más que ramas, unidas
a la Vid viviente. Una rama no ha de recibir su sustento de la otra.
Nuestra vitalidad vendrá del tronco principal. Es sólo por medio de
una unión personal con Cristo, de una comunión diaria, a cada hora
con él, que podremos llevar los frutos del Espíritu Santo.
Se ha compenetrado dentro de la iglesia de Battle Creek un
espíritu que no tiene parte con Cristo. No es celo por la verdad, ni
amor por la voluntad de Dios tal como se revela en su Palabra. Es
más bien un espíritu de justificación propia. Os conduce a exaltar
el yo por encima de Jesús y a considerar vuestras opiniones e ideas
como más importantes que la unión con Cristo y del uno con el otro.
Carecéis seriamente de amor fraternal. Sois una iglesia descarriada.
Conocer la verdad, decir que hay unión con Cristo, y luego no llevar
el fruto, no vivir en un ejercicio constante de la fe, endurece el
corazón en la desobediencia y la confianza en sí mismo. Nuestro
crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende
de nuestra unión con Cristo y del grado de fe que ejercitemos en él.
He aquí la fuente de nuestro poder en el mundo.
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Muchos de vosotros buscáis ser honrados por los demás. Pe-
ro, ¿qué es la honra o la aprobación de los hombres para el que
es hijo de Dios y heredero juntamente con Cristo? ¿Qué son los