Página 98 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 5 (1998)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 5
sus sentimientos o el efecto de sus palabras. Mientras condenan los
errores de otros, los cometen mucho mayores ellos mismos. El ser
consecuente es una virtud preciosa.
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¿No hay que observar ninguna ley de bondad? ¿Han sido los
cristianos autorizados por Dios para criticarse y condenarse unos a
otros? ¿Es honroso, o aun honesto, arrancar de los labios de otro,
bajo disfraz de amistad, secretos que le han sido confiados, y luego
perjudicarle por medio del conocimiento así adquirido? ¿Es acaso
caridad cristiana recoger todo informe que flota, desenterrar todo
lo que arrojaría sospecha sobre el carácter de otro, y luego delei-
tarse en emplearlo para perjudicarle? Satanás se regocija cuando
puede difamar o herir a quien sigue a Cristo. El es “el acusador de
nuestros hermanos”.
Apocalipsis 12:10
. ¿Le ayudarán en su obra los
cristianos?
Los ojos de Dios, que todo lo ven, notan los defectos de todos, y
la pasión dominante de cada uno. Sin embargo, nos soporta a pesar
de nuestras faltas, y se compadece de nuestra debilidad. Ordena a
sus hijos que tengan el mismo espíritu de ternura y tolerancia. Los
verdaderos cristianos no se regocijarán en la exposición de las faltas
y deficiencias ajenas. Se apartarán de lo vil y deforme, para fijar su
atención en lo atrayente y hermoso. Para el cristiano, todo acto de
censura, toda palabra de crítica o condenación, son dolorosos.
Siempre hubo hombres y mujeres que, profesando creer la ver-
dad, no conformaban su vida con su influencia santificadora; hom-
bres infieles, que se engañan a sí mismos, y se estimulan a sí mismos
a pecar. Se ve incredulidad en su vida, comportamiento y carácter; y
este terrible mal obra como un cáncer.
Si todos los que profesan ser cristianos empleasen sus facultades
de investigación para ver qué males necesitan corregir en sí mismos,
en vez de hablar de las faltas ajenas, habría una condición más sana
en la iglesia hoy. Algunos son honrados cuando no cuesta nada,
pero se olvidan de la honradez cuando la duplicidad les trae más
resultados. La honradez y la duplicidad no obran juntas en la misma
mente. Con el tiempo, o la duplicidad será expulsada, y la verdad
y honradez reinarán supremas; o, si se conserva la duplicidad, la
honradez será olvidada. No pueden andar de acuerdo; no tienen
nada en común. La una es profetisa de Baal, la otra es verdadera
profetisa de Dios. Cuando el Señor recoja sus joyas, los veraces,