Página 159 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 6 (2004)

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Palabras de un maestro divino
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veneno en el organismo. Los jóvenes inexpertos a quienes se hace
seguir este orden de estudios reciben impresiones que encauzan sus
pensamientos por canales fatales para la piedad. Jóvenes enviados
a nuestras escuelas han aprendido de libros tenidos por dignos de
confianza, debido a que se usaban y favorecían en las escuelas del
mundo. Pero de las escuelas mundanas, imitadas de esta manera,
han salido muchos alumnos convertidos en ateos por el estudio de
estos mismos libros.
“¿Por qué no habéis ensalzado la Palabra de Dios por encima
de toda producción humana? ¿No basta con mantenerse unido al
Autor de toda verdad? ¿No estáis satisfechos con sacar agua fresca
de las corrientes del Líbano? Dios tiene fuentes vivas con las cuales
refrigerar al alma sedienta, y depósitos de precioso alimento con
el cual vigorizar la espiritualidad. Aprended de él y él os habilitará
para dar a los que la solicitan una razón de la esperanza que hay en
vosotros. ¿Habéis pensado que un conocimiento mejor de lo que el
Señor ha dicho tendría efecto deletéreo sobre maestros y alumnos?”
Hubo silencio en la asamblea y la convicción se apoderó de
cada corazón. Hombres que se habían creído entendidos y fuertes
vieron que eran débiles y carentes del conocimiento de aquel Libro
que concierne al eterno destino del alma humana. El mensajero
de Dios tomó entonces de las manos de varios maestros los libros
que habían estado estudiando, algunos de los cuales, escritos por
autores incrédulos, contenían sentimientos ateos, y los puso a un
lado diciendo: “Jamás ha habido momento alguno en vuestra vida
en que el estudio de estos libros haya contribuido a vuestro bien y
progreso actuales o a vuestro bien eterno futuro. ¿Por qué habríais
de llenar vuestros anaqueles con libros que apartan de Cristo la
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inteligencia? ¿Por qué gastáis dinero en aquello que no es pan?
Cristo os ruega: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón’.
Mateo 11:29
. ¿Necesitáis comer del Pan de vida que
descendió del cielo. Os es necesario ser estudiantes más diligentes
de las Sagradas Escrituras y beber de la Fuente de la vida. Sacad,
sacad de Cristo en oración ferviente. Lograd una experiencia diaria
con respecto a comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios.
Nunca podrán los autores humanos satisfacer vuestra gran necesidad
para este tiempo; pero con templando a Cristo, autor y consumador
de vuestra fe, seréis transformados a su semejanza”.