Página 203 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 8 (1998)

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Una visión más amplia
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La victoria de Cristo sobre la incredulidad
Mientras estuvo en la tierra, el Hijo de Dios era el Hijo del
Hombre; sin embargo, había ocasiones cuando se reflejaba su divi-
nidad. Así sucedió cuando le dijo al paralítico: “Ten ánimo, hijo; tus
pecados te son perdonados”.
Mateo 9:2
.
“Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavila-
ban -no abiertamente, mas- en sus corazones”... “¿Quién es este que
habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios!”
Marcos 2:6
;
Lucas 5:21
.
“Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué
pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil, decir:
Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues
para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra
para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma
tu cama, y vete a tu casa”.
Mateo 9:4-6
.
El gran Médico misionero quitó los pecados del paralítico y luego
lo presentó ante Dios perdonado. Y también lo sanó físicamente.
Dios le había dado poder a su Hijo para acudir al trono eterno.
Aunque Cristo actuaba con su propia personalidad, reflejaba el lustre
de la posición de honor que había tenido en medio de la espléndida
luz del trono eterno.
En otra ocasión, Cristo solicitó: “Padre, glorifica tu nombre”.
Y en respuesta “vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo
glorificaré otra vez”.
Juan 12:28
.
Si esta voz no conmovió a los impenitentes, si el poder que Cristo
manifestó en sus poderosos milagros no hizo que los judíos creyeran,
no debiera sorprendemos demasiado descubrir que los hombres y
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mujeres de ahora están en peligro, por causa del roce continuo con
los incrédulos, de manifestar la misma incredulidad que demostraron
los judíos, y de cultivar el mismo entendimiento pervertido.
No hay palabra para describir mi tristeza al considerar lo que se
me ha presentado concerniente a la situación que prevalece en Battle
Creek y otros centros de nuestra obra, donde ha estado brillando gran
luz. En el pasado, cuando se ha demostrado que las cosas no marchan
bien, ha habido un reconocimiento del mal, seguido de la confesión
y el arrepentimiento y una reforma cabal. Pero últimamente no ha
habido fieles mayordomos que repriman los males que necesitaban