Página 261 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 8 (1998)

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Un Dios personal
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Un Dios personal creó al hombre
En la creación del hombre se manifestó la intervención de un
Dios personal. Cuando hizo al hombre a su imagen, el cuerpo hu-
mano era perfecto en todos sus detalles, pero sin vida. Entonces ese
Dios personal, existente de por sí, sopló en ese cuerpo el aliento de
vida, y el hombre llegó a ser un ser vivo e inteligente que respiraba.
Todas las partes del organismo humano entraron en acción. El cora-
zón, las arterias, las venas, la lengua, las manos, los pies, los sentidos,
las percepciones de la mente, todo inició su funcionamiento y todo
fue puesto bajo ley. El hombre llegó a ser un alma viviente. Por
Jesucristo un Dios personal creó al hombre y lo dotó de inteligencia
y poder.
Nuestra sustancia no le era oculta cuando fuimos hechos en
secreto. Sus ojos vieron nuestra sustancia, aunque imperfecta, y en
su libro todos nuestros miembros fueron escritos, aun cuando no
existía ninguno de ellos.
Dios quiso que el hombre, por sobre todos los seres de orden
inferior, como obra culminante de su creación expresara su pensa-
miento y revelase su gloria. Pero el hombre no ha de exaltarse como
Dios.
“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
Servid a Jehová con alegría;
Venid ante su presencia con regocijo.
Reconoced que Jehová es Dios;
Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre”.
Salmos 100:1-4.
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“Exaltad a Jehová nuestro Dios,
y postraos ante su santo monte,
Porque Jehová nuestro Dios es santo”.
Salmos 99:9.