Página 41 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 8 (1998)

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La obra dentro y fuera del país
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por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que
verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo”.
Juan 4:40-
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.
Al presentar la palabra de vida a la mente de los samaritanos,
Cristo sembró muchas semillas de verdad y mostró a sus oyentes
cómo ellos también podían sembrar semillas de verdad en otras
mentes. ¡Cuánto bien podría lograrse si todos los que conocen la
verdad trabajaran por los pecadores, por aquellos que tanto necesitan
conocer y comprender la verdad bíblica, y que responderían a ella en
forma tan voluntaria como los samaritanos respondieron a las pala-
bras de Cristo! ¡Cuán poco hacemos para participar de la simpatía de
Dios en el punto que debiera ser el más fuerte vínculo de unión entre
nosotros y él: la compasión por las almas depravadas, culpables y
dolientes, muertas en sus delitos y pecados! Si los hombres compar-
tiesen las simpatías de Cristo, sentirían constantemente tristeza en
su corazón por la condición de los muchos campos menesterosos,
tan destituidos de obreros.
En los campos extranjeros la obra debe llevarse adelante con
fervor e inteligencia, sin que se descuide en ningún sentido la obra
en los Estados Unidos. No pasemos por alto ni descuidemos los
campos que están a la misma sombra de nuestra puerta, como las
grandes ciudades de nuestro país. Estos campos son tan importantes
como cualquier campo extranjero.
El alentador mensaje de misericordia de Dios debe ser procla-
mado en las ciudades de los Estados Unidos. Los hombres y las
mujeres que viven en estas ciudades se enfrascan cada vez más en
sus relaciones comerciales. Actúan desenfrenadamente en la crea-
ción de edificios cuyas torres se elevan hacia los cielos. Su mente
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rebosa de planes y designios ambiciosos. Dios ordena a cada uno
de sus siervos ministrantes: “Clama a voz en cuello, no te detengas;
alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la
casa de Jacob su pecado”.
Isaías 58:1
.
Demos gracias a Dios porque hay unos pocos obreros que hacen
todo lo posible para levantar algunos monumentos para Dios en
nuestras ciudades descuidadas. Recordemos que es nuestro deber
dar aliento a estos obreros. Dios siente desagrado por la falta de
aprecio y apoyo que sus hijos dan en esta tierra a los fieles obreros
que trabajan en las grandes ciudades. La obra que debe hacerse en