Página 42 - El Camino a Cristo (1993)

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El Camino a Cristo
De modo que ya no te perteneces, porque fuiste comprado por
precio. “Sabiendo que fuisteis redimidos, ... no con cosas corrupti-
bles, como plata y oro, sino con preciosa sangre, la de Cristo, como
de un cordero sin defecto e inmaculado.
Mediante este sencillo
acto de creer en Dios, el Espíritu Santo engendró nueva vida en tu
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corazón. Eres como un niño nacido en la familia de Dios, y El te
ama como a su Hijo.
Ahora bien, ya que te has consagrado al Señor Jesús, no vuelvas
atrás, no te separes de El, mas repite todos los días: “Soy de Cristo;
le pertenezco;” pídele que te dé su Espíritu y que te guarde por su
gracia. Así como consagrándote a Dios y creyendo en El llegaste
a ser su hijo, así también debes vivir en El. Dice el apóstol: “De la
manera, pues, que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en
él.
Algunos parecen creer que deben estar a prueba y que deben
demostrar al Señor que se han reformado, antes de poder contar con
su bendición. Sin embargo, ahora mismo pueden pedirla a Dios.
Deben tener su gracia, el Espíritu de Cristo, para que les ayude en
sus flaquezas; de otra manera no podrían resistir al mal. El Señor
Jesús se complace en que vayamos a El como somos: pecamino-
sos, sin fuerza, necesitados. Podemos ir con toda nuestra debilidad,
insensatez y maldad, y caer arrepentidos a sus pies. Es su gloria
estrecharnos en los brazos de su amor, vendar nuestras heridas y
limpiarnos de toda impureza.
Miles se equivocan en esto: no creen que el Señor Jesús los
perdone personal e individualmente. No creen al pie de la letra lo
que Dios dice. Es privilegio de todos los que llenan las condiciones
saber por sí mismos que el perdón de todo pecado es gratuito. Alejad
la sospecha de que las promesas de Dios no son para vosotros. Son
para todo pecador arrepentido. Cristo ha provisto fuerza y gracia
para que los ángeles ministradores las comuniquen a toda alma
creyente. Nadie es tan pecador que no pueda hallar fuerza, pureza
y justicia en Jesús, quien murió por todos. El está aguardando para
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quitarles sus vestiduras manchadas y contaminadas de pecado y
ponerles los mantos blancos de la justicia; les ordena vivir, y no
morir.
Dios no nos trata como los hombres se tratan entre sí. Los
pensamientos de El son pensamientos de misericordia, de amor