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Conducción del Niño
Dadles instrucción religiosa diariamente. Enseñadles a amar a Dios
y ser leales a los principios de rectitud. Con una fe elevada y fer-
viente, dirigida por la influencia divina del Espíritu Santo, trabajad,
trabajad ahora. No dilatéis un solo día, ni una hora.—
The Review
and Herald, 23 de abril de 1889
.
Haced una obra cabal
—Padres, humillad vuestro corazón de-
lante de Dios. Comenzad una obra cabal con vuestros hijos. Rogadle
al Señor que os perdone vuestro descuido de su Palabra al desaten-
der la preparación de vuestros hijos en la forma debida. Pedid luz y
dirección, una conciencia sensible y un discernimiento claro para
que podáis ver vuestros errores y faltas. Dios oirá oraciones tales que
emanen de un corazón humilde y contrito.—
Manuscrito 22, 1904
.
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La confesión puede ser necesaria
—Si habéis fallado en vues-
tro deber para vuestra familia, confesad vuestros pecados delante
de Dios. Reunid a vuestros hijos en torno de vosotros y reconoced
vuestro descuido. Decidles que deseáis realizar una reforma en el
hogar y pedidles que os ayuden a hacer del hogar lo que debiera ser.
Leedles las instrucciones que se encuentran en la Palabra de Dios.
Orad con ellos, y pedid a Dios que les salve la vida y les ayude a
prepararse para un hogar en su reino. En esta forma, podréis comen-
zar una obra de reforma y luego continuad observando el sendero
del Señor.—
Manuscrito 22, 1904
.
Dad a los niños un ejemplo de estricta obediencia
—La obra
especial de los padres es hacer que las leyes de Dios sean claras
para sus hijos e instarlos para que las obedezcan, a fin de que vean
la importancia de obedecer a Dios todos los días de su vida. Esta
fue lo obra de Moisés. Debía prescribir a los padres su deber de
dar a sus hijos un ejemplo de estricta obediencia. Y ésta es la obra
que está por encima de cualquier otra cosa que deba hacerse en
la vida del hogar hoy día. Ha de acompañar al mensaje del tercer
ángel. La ignorancia no es una excusa para que los padres descuiden
enseñar a sus hijos lo que significa transgredir la ley de Dios. La
luz es abundante y nadie está obligado a caminar en tinieblas, nadie
necesita estar en la ignorancia. Dios es tan verdaderamente nuestro
instructor hoy como fue el Maestro de los hijos de Israel, y todos
estamos constreñidos por la más sagrada obligación a obedecer sus
leyes.—
Carta 90, 1898
.