Página 35 - Consejos para la Iglesia (1991)

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El don profético y Elena G. de White
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mujer de 31 años de edad y su esposo tenía 36. Tenían 3 hijos de 4,
9, y 12 años respectivamente.
Encontramos en la casa a una buena joven cristiana empleada
para ayudarles con las tareas hogareñas, porque la Sra. de White a
menudo se ausentaba del hogar y con frecuencia estaba ocupada con
sus discursos y sus escritos. Pero a pesar de eso, la Sra. de White
se encargaba de las responsabilidades de la casa: cocinar, hacer la
limpieza, lavar y coser. Algunos días iba a la casa editora donde
tenía un lugar tranquilo para escribir. Otros días la encontramos en
la huerta, plantando flores y hortalizas, y a veces intercambiando
plantas de flores con las vecinas. Estaba decidida a hacer de su
hogar un lugar tan placentero como podía, para su familia, para que
sus hijos pudieran siempre considerar el hogar como el lugar más
apetecible donde estar.
Elena G. de White era reconocida como buena compradora, y
los vecinos adventistas se alegraban cuando podían ir a hacer sus
compras con ella, porque ella conocía bien el valor de las cosas.
Su madre había sido una mujer muy práctica y le había enseñado a
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sus hijas lecciones valiosas. Sabía que a la larga, las cosas de mala
calidad salen más caras que las de mejor calidad.
Hacía del sábado el día más placentero de la semana para sus
hijos. Por supuesto, toda la familia asistía a las reuniones de la iglesia
y si el pastor White y ella no tenían que hablar, toda la familia se
sentaba junta durante el servicio religioso. Para el almuerzo había
algún plato especial que no tenían los otros días, y si el día era
agradable daba una caminata con sus hijos por el bosque o por
el río, observando las bellezas de la naturaleza y estudiando las
obras creadas por Dios. Si el día era lluvioso o frío, reunía a los
chicos alrededor de la estufa y a menudo les leía de materiales que
había reunido acá y allá mientras viajaba. Algunos de esos relatos
se imprimían luego en libros de modo que otros padres pudieran
tenerlos para leérselos a sus hijos.
Elena G. de White no se encontraba muy bien en ese tiempo y
a menudo desfallecía durante el día, pero esto no la desanimaba de
continuar adelante con sus tareas de la casa así como con el trabajo
que hacía para el Señor. Unos pocos años más tarde, en 1863, se
le dio una visión acerca de la salud y el cuidado de los enfermos.
En visión se le mostró la manera correcta de vestirse, el alimento