Página 408 - Consejos para la Iglesia (1991)

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Consejos para la Iglesia
sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para él”.
1
Corintios 11:28, 27, 29
.
Nadie debe excluirse de la comunión porque esté presente alguna
persona indigna. Cada discípulo está llamado a participar pública-
mente de ella y dar así testimonio de que acepta a Cristo como
Salvador personal.
Al participar con sus discípulos del pan y del vino, Cristo se com-
prometió como su Redentor. Les confió el nuevo pacto, por medio
del cual todos los que le reciben llegan a ser hijos de Dios, cohe-
rederos con Cristo. Por este pacto, venía a ser suya toda bendición
que el cielo podía conceder para esta vida y la venidera. Este pacto
había de ser ratificado por la sangre de Cristo. La administración del
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sacramento había de recordar a los discípulos el sacrificio infinito
hecho por cada uno de ellos como parte del gran conjunto de la
humanidad caída
El siervo de siervos
Cuando los discípulos entraron en el aposento alto, sus corazones
estaban llenos de resentimiento. Judas se mantenía al lado de Cristo,
a la izquierda; Juan estaba a la derecha. Si había un puesto más alto
que los otros, Judas estaba resuelto a obtenerlo, y se pensaba que
este puesto era al lado de Cristo. Y Judas era traidor.
Se había levantado otra causa de disensión. Era costumbre, en
ocasión de la fiesta, que un criado lavase los pies de los huéspedes,
y en esa ocasión se habían hecho preparativos para este servicio. La
jarra, el lebrillo y la toalla estaban allí, listos para el lavamiento de
los pies; pero no había siervo presente, y les tocaba a los discípulos
cumplirlo. Pero cada uno de los discípulos, cediendo al orgullo heri-
do, resolvió no desempeñar el papel de siervo. Todos manifestaban
una despreocupación estoica, al parecer inconscientes de que les
tocaba hacer algo. Por su silencio, se negaban a humillarse.
Los discípulos no hacían ningún ademán de servirse unos a
otros. Jesús aguardó un rato para ver lo que iban a hacer. Luego
él, el Maestro divino, se levantó de la mesa. Poniendo a un lado
el manto exterior que habría impedido sus movimientos, tomó una
toalla y se ciñó. Con sorprendido interés, los discípulos miraban,
y en silencio esperaban para ver lo que iba a seguir. “Luego puso
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