Página 149 - Consejos Sobre el R

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dominio del apetito
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tales excesos que se convierten en crímenes. Se encuentran entre las
señales destacadas de los últimos días, y constituyen una señal de
la próxima venida de Cristo. El tiempo, el dinero y la energía que
pertenecen al Señor, pero que él nos ha confiado, son malgastados
en superfluidades en materia de vestidos y lujos para el apetito per-
vertide, los cuales disminuyen la vitalidad y acarrean sufrimiento y
decadencia. Es imposible presentar nuestros cuerpos como sacrificio
vivo a Dios cuando continuamente los llenamos de corrupción y
enfermedad debido a nuestra complacencia pecaminosa.—
Christian
Temperance and Bible Hygiene, 11, 12
;
Counsels on Health, 23, 24
(1890)
.
231. Una de las más fuertes tentaciones a que el hombre tiene que
hacer frente es la del apetito. En el comienzo el Señor hizo al hombre
recto. Fue creado con una mente del todo equilibrada, y el tamaño
y la fuerza de todos sus órganos estaban plena y armoniosamente
desarrollados. Pero debido a las seducciones del artero enemigo,
la prohibición de Dios fue desatendida, y las leyes de la naturaleza
exigieron su completo castigo...
Desde la primera vez que el género humano se rindió al apeti-
to, la complacencia propia ha seguido aumentando, hasta el punto
de que la salud ha sido sacrificada sobre el altar del apetito. Los
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habitantes del mundo antediluviano eran intemperantes en el co-
mer y beber. Querían tener carne, aunque Dios en ese tiempo no
le había dado al hombre permiso para consumir alimentos anima-
les. Comieron y bebieron hasta que la complacencia de su apetito
depravado no conoció límites, y entonces se corrompieron tanto
que Dios no los pudo soportar más. Su copa de iniquidad se llenó,
y el Señor limpió a la tierra de esta contaminación moral por me-
dio del diluvio.—
Christian Temperance and Bible Hygiene, 42, 43
;
Counsels on Health, 108-110 (1890)
.
Sodoma y Gomorra
Cuando los hombres se multiplicaron sobre la tierra después del
diluvio, de nuevo olvidaron a Dios, y corrompieron sus caminos
delante de él. La intemperancia en toda forma aumentó, hasta que
casi todo el mundo se había entregado a ella. Ciudades enteras han
sido eliminadas de la faz de la tierra por los crímenes degradantes y