Página 471 - El Conflicto de los Siglos (1954)

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El juicio investigador
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ser examinado por los seres celestiales! Si se pudiese descorrer el
velo que separa el mundo visible del invisible, y los hijos de los
hombres pudiesen ver a un ángel apuntar cada palabra y cada acto
que volverán a encontrar en el día del juicio, ¡cuántas palabras de
las que se pronuncian cada día no se dejarían de pronunciar; cuántos
actos no se dejarían sin realizar!
En el juicio se examinará el empleo que se haya hecho de cada
talento. ¿Cómo hemos empleado el capital que el cielo nos conce-
diera? A su venida ¿recibirá el Señor lo que es suyo con interés?
¿Hemos perfeccionado las facultades que fueran confiadas a nuestras
manos, a nuestros corazones y a nuestros cerebros para la gloria de
Dios y provecho del mundo? ¿Cómo hemos empleado nuestro tiem-
po, nuestra pluma, nuestra voz, nuestro dinero, nuestra influencia?
¿Qué hemos hecho por Cristo en la persona de los pobres, de los afli-
gidos, de los huérfanos o de las viudas? Dios nos hizo depositarios
de su santa Palabra; ¿qué hemos hecho con la luz y la verdad que se
nos confió para hacer a los hombres sabios para la salvación? No se
da ningún valor a una mera profesión de fe en Cristo; sólo se tiene
por genuino el amor que se muestra en las obras. Con todo, el amor
es lo único que ante los ojos del Cielo da valor a un acto cualquiera.
Todo lo que se hace por amor, por insignificante que aparezca en
opinión de los hombres, es aceptado y recompensado por Dios.
El egoísmo escondido de los hombres aparece en los libros del
cielo. Allí está el registro de los deberes que no cumplieron para
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con el prójimo, el de su olvido de las exigencias del Señor. Allí se
verá cuán a menudo fueron dados a Satanás tiempo, pensamientos
y energías que pertenecían a Cristo. Harto tristes son los apuntes
que los ángeles llevan al cielo. Seres inteligentes que profesan ser
discípulos de Cristo están absorbidos por la adquisición de bienes
mundanos, o por el goce de los placeres terrenales. El dinero, el
tiempo y las energías son sacrificados a la ostentación y al egoís-
mo; pero pocos son los momentos dedicados a orar, a estudiar las
Sagradas Escrituras, a humillar el alma y a confesar los pecados.
Satanás inventa innumerables medios de distraer nuestras mentes
de la obra en que precisamente deberíamos estar más ocupados. El
archiseductor aborrece las grandes verdades que hacen resaltar la
importancia de un sacrificio expiatorio y de un Mediador todopode-