Página 18 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

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El Deseado de Todas las Gentes
gloria estaba velada, su grandeza y majestad ocultas, a fin de que
pudiese acercarse a los hombres entristecidos y tentados.
Dios ordenó a Moisés respecto a Israel: “Hacerme han un santua-
rio, y yo habitaré entre ellos,
y moraba en el santuario en medio
de su pueblo. Durante todas sus penosas peregrinaciones en el de-
sierto, estuvo con ellos el símbolo de su presencia. Así Cristo levantó
su tabernáculo en medio de nuestro campamento humano. Hincó
su tienda al lado de la tienda de los hombres, a fin de morar entre
nosotros y familiarizarnos con su vida y carácter divinos. “Aquel
Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria,
gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
Desde que Jesús vino a morar con nosotros, sabemos que Dios
conoce nuestras pruebas y simpatiza con nuestros pesares. Cada hijo
e hija de Adán puede comprender que nuestro Creador es el amigo
de los pecadores. Porque en toda doctrina de gracia, toda promesa
de gozo, todo acto de amor, toda atracción divina presentada en la
vida del Salvador en la tierra, vemos a “Dios con nosotros.”
Satanás representa la divina ley de amor como una ley de egoís-
mo. Declara que nos es imposible obedecer sus preceptos. Imputa al
Creador la caída de nuestros primeros padres, con toda la miseria
que ha provocado, e induce a los hombres a considerar a Dios como
autor del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Jesús había de
desenmascarar este engaño. Como uno de nosotros, había de dar un
ejemplo de obediencia. Para esto tomó sobre sí nuestra naturaleza,
y pasó por nuestras vicisitudes. “Por lo cual convenía que en todo
fuese semejado a sus hermanos.” Si tuviésemos que soportar algo
que Jesús no soportó, en este detalle Satanás representaría el poder
de Dios como insuficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fué
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“tentado en todo punto, así como nosotros.
Soportó toda prueba a
la cual estemos sujetos. Y no ejerció en favor suyo poder alguno que
no nos sea ofrecido generosamente. Como hombre, hizo frente a la
tentación, y venció en la fuerza que Dios le daba. El dice: “Me com-
plazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de
mi corazón.
Mientras andaba haciendo bien y sanando a todos los
afligidos de Satanás, demostró claramente a los hombres el carácter
de la ley de Dios y la naturaleza de su servicio. Su vida testifica que
para nosotros también es posible obedecer la ley de Dios.