Página 273 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

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El sermón del monte
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muchos de sus oyentes, y no dijo nada que pudiese perturbar su fe en
la religión y las instituciones que les habían sido confiadas por medio
de Moisés. Cristo mismo había dado la ley moral y la ceremonial. No
había venido para destruir la confianza en sus propias instrucciones.
A causa de su gran reverencia por la ley y los profetas, procuraba
abrir una brecha en la muralla de los requerimientos tradicionales
que rodeaban a los judíos. Mientras trataba de poner a un lado sus
falsas interpretaciones de la ley, puso a sus discípulos en guardia
contra la renuncia a las verdades vitales confiadas a los hebreos.
Los fariseos se jactaban de su obediencia a la ley; pero conocían
tan poco de sus principios por la práctica diaria, que para ellos las
palabras del Salvador eran como una herejía. Mientras él barría las
inmundicias bajo las cuales la verdad había estado enterrada, los
circunstantes pensaban que barría la verdad misma. Se murmura-
ban unos a otros que estaba despreciando la ley, pero él leyó sus
pensamientos, y les dijo:
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no
he venido para abrogar, sino a cumplir.” Así refutó Jesús el cargo
de los fariseos. Su misión en este mundo consistía en vindicar los
sagrados derechos de aquella ley que ellos le acusaban de violar.
Si la ley de Dios hubiese podido cambiarse o abrogarse, Cristo no
habría necesitado sufrir las consecuencias de nuestra transgresión.
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El vino para explicar la relación de la ley con el hombre, e ilustrar
sus preceptos por su propia vida de obediencia.
Dios nos ha dado sus santos preceptos porque ama a la humani-
dad. Para escudarnos de los resultados de la transgresión, nos revela
los principios de la justicia. La ley es una expresión del pensamiento
de Dios: cuando se recibe en Cristo, llega a ser nuestro pensamiento.
Nos eleva por encima del poder de los deseos y tendencias natura-
les, por encima de las tentaciones que inducen a pecar. Dios desea
que seamos felices, y nos ha dado los preceptos de la ley para que
obedeciéndolos tengamos gozo. Cuando en ocasión del nacimiento
de Jesús los ángeles cantaron:
“Gloria en las alturas a Dios,
Y en la tierra paz, buena voluntad
para con los hombres,