Página 374 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

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El Deseado de Todas las Gentes
figura del pecado. Sin embargo, los discípulos no comprendieron
a Jesús. En su repentina partida de Magdalá, se habían olvidado
de llevar pan, y tenían sólo un pan consigo. Creyeron que Cristo
se refería a esta circunstancia y les recomendaba no comprar pan
a un fariseo o a un saduceo. Con frecuencia su falta de fe y de
percepción espiritual les había hecho comprender así erróneamente
sus palabras. En esa ocasión, Jesús los reprendió por pensar que
el que había alimentado a miles de personas con algunos peces y
panes de cebada, pudiese referirse en esta solemne amonestación
simplemente al alimento temporal. Había peligro de que el astuto
raciocinio de los fariseos y saduceos sumiese a sus discípulos en
la incredulidad y les hiciese considerar livianamente las obras de
Cristo.
Los discípulos se inclinaban a pensar que su Maestro debiera
haber otorgado una señal en los cielos cuando se la habían pedido.
Creían que él era perfectamente capaz de realizarla, y que una señal
tal habría acallado a sus enemigos. No discernían la hipocresía de
esos caviladores.
Meses más tarde, “juntándose muchas gentes, tanto que unos a
otros se hollaban,” Jesús repitió la misma enseñanza. “Comenzó a
decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los
fariseos, que es hipocresía.
La levadura puesta en la harina obra imperceptiblemente y cam-
bia toda la masa de modo que comparta su propia naturaleza. Así
también, si se la tolera en el corazón, la hipocresía impregna el ca-
rácter y la vida. Cristo había reprendido ya un notable ejemplo de
la hipocresía farisaica al denunciar la práctica del “Corbán,” por
medio de la cual se ocultaba una negligencia del deber filial bajo una
afectación de generosidad hacia el templo. Los escribas y fariseos
insinuaban principios engañosos. Ocultaban la verdadera tendencia
de sus doctrinas y aprovechaban toda ocasión de inculcarlas artera-
mente en el ánimo de sus oyentes. Estos falsos principios, una vez
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aceptados, obraban como la levadura en la harina, impregnando y
transformando el carácter. Esta enseñanza engañosa era lo que hacía
tan difícil para la gente recibir las palabras de Cristo.
Las mismas influencias obran hoy por medio de aquellos que
tratan de explicar la ley de Dios de modo que la hagan conformar
con sus prácticas. Esta clase no ataca abiertamente la ley, sino que