Página 544 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

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El Deseado de Todas las Gentes
hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, viendo
al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y
tomemos su heredad. Y tomando, le echaron fuera de la viña, y
le mataron. Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a
aquellos labradores?”
Jesús se dirigió a todos los presentes; pero los sacerdotes y
gobernantes respondieron. “A los malos destruirá miserablemente—
dijeron,—y su viña dará a renta a otros labradores, que le paguen
el fruto a sus tiempos.” Los que hablaban no habían percibido al
principio la aplicación de la parábola, mas ahora vieron que habían
pronunciado su propia condenación. En la parábola, el señor de la
viña representaba a Dios, la viña a la nación judía, el vallado la ley
divina que la protegía. La torre era un símbolo del templo. El señor
de la viña había hecho todo lo necesario para su prosperidad. “¿Qué
más se había de hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?
Así
se representaba el infatigable cuidado de Dios por Israel. Y como los
labradores debían devolver al dueño una debida proporción de los
frutos de la viña, así el pueblo de Dios debía honrarle mediante una
vida que correspondiese a sus sagrados privilegios. Pero como los la-
bradores habían matado a los siervos que el señor les envió en busca
de fruto, así los judíos habían dado muerte a los profetas a quienes
Dios les enviara para llamarlos al arrepentimiento. Mensajero tras
mensajero había sido muerto. Hasta aquí la aplicación de la parábola
no podía confundirse, y en lo que siguiera no sería menos evidente.
En el amado hijo a quien el señor de la viña envió finalmente a
sus desobedientes siervos, a quien ellos habían prendido y matado,
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los sacerdotes y gobernantes vieron un cuadro claro de Jesús y su
suerte inminente. Ya estaban ellos maquinando la muerte de Aquel
a quien el Padre les había enviado como último llamamiento. En
la retribución infligida a los ingratos labradores, estaba pintada la
sentencia de los que matarían a Cristo.
Mirándolos con piedad, el Salvador continuó: “¿Nunca leísteis
en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, ésta
fué hecha por cabeza de esquina: por el Señor es hecho esto, y es
cosa maravillosa en nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino
de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que haga los
frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y
sobre quien ella cayere, le desmenuzará.”