Página 691 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

Basic HTML Version

El Calvario
687
“Si eres Hijo de Dios—decían,—desciende de la cruz.” “Sálvese
a sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios.” En el desierto de la
tentación, Satanás había declarado: “Si eres Hijo de Dios, di que
estas piedras se hagan pan.” “Si eres Hijo de Dios, échate abajo”
desde el pináculo del templo
Y Satanás, con ángeles suyos en
forma humana, estaba presente al lado de la cruz. El gran enemigo y
sus huestes cooperaban con los sacerdotes y príncipes. Los maestros
del pueblo habían incitado a la turba ignorante a pronunciar juicio
contra Uno a quien muchos no habían mirado hasta que se les instó
a que diesen testimonio contra él. Los sacerdotes, los príncipes,
los fariseos y el populacho empedernido estaban confederados en
un frenesí satánico. Los dirigentes religiosos se habían unido con
Satanás y sus ángeles. Estaban cumpliendo sus órdenes.
Jesús, sufriendo y moribundo, oía cada palabra mientras los
sacerdotes declaraban: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar.
El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos
y creamos.” Cristo podría haber descendido de la cruz. Pero por el
hecho de que no quiso salvarse a sí mismo tiene el pecador esperanza
de perdón y favor con Dios.
Mientras se burlaban del Salvador, los hombres que profesaban
ser expositores de la profecía repetían las mismas palabras que la
Inspiración había predicho que pronunciarían en esta ocasión. Sin
embargo, en su ceguera, no vieron que estaban cumpliendo la pro-
fecía. Los que con irrisión dijeron: “Confió en Dios: líbrele ahora
si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios,” no pensaron que
su testimonio repercutiría a través de los siglos. Pero aunque fueron
dichas en son de burla, estas palabras indujeron a los hombres a es-
cudriñar las Escrituras como nunca lo habían hecho antes. Hombres
sabios oyeron, escudriñaron, reflexionaron y oraron. Hubo quienes
no descansaron hasta que, por la comparación de un pasaje de la Es-
[697]
critura con otro, vieron el significado de la misión de Cristo. Nunca
antes hubo un conocimiento tan general de Jesús como una vez que
fué colgado de la cruz. En el corazón de muchos de aquellos que pre-
senciaron la crucifixión y oyeron las palabras de Cristo resplandeció
la luz de la verdad.
Durante su agonía sobre la cruz, llegó a Jesús un rayo de con-
suelo. Fué la petición del ladrón arrepentido. Los dos hombres
crucificados con Jesús se habían burlado de él al principio; y por