Página 724 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

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El Deseado de Todas las Gentes
de Dios. De día y de noche, esta terrible escena del tribunal en que
habían clamado: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros
hijos,
estaba delante de ellos. Nunca más se habría de desvanecer
de su espíritu el recuerdo de esa escena. Nunca más volvería a sus
almohadas el sueño apacible.
Cuando la voz del poderoso ángel fué oída junto a la tumba
de Cristo, diciendo: “Tu Padre te llama,” el Salvador salió de la
tumba por la vida que había en él. Quedó probada la verdad de
sus palabras: “Yo pongo mi vida, para volverla a tomar.... Tengo
poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.” Entonces
se cumplió la profecía que había hecho a los sacerdotes y príncipes:
“Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Sobre la tumba abierta de José, Cristo había proclamado triun-
fante: “Yo soy la resurrección y la vida.” Únicamente la Divinidad
podía pronunciar estas palabras. Todos los seres creados viven por
la voluntad y el poder de Dios. Son receptores dependientes de la
vida de Dios. Desde el más sublime serafín hasta el ser animado más
humilde, todos son renovados por la Fuente de la vida. Únicamente
el que es uno con Dios podía decir: Tengo poder para poner mi vida,
y tengo poder para tomarla de nuevo. En su divinidad, Cristo poseía
el poder de quebrar las ligaduras de la muerte.
Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de aquellos
que dormían. Estaba representado por la gavilla agitada, y su resu-
rrección se realizó en el mismo día en que esa gavilla era presentada
delante del Señor. Durante más de mil años, se había realizado esa
ceremonia simbólica. Se juntaban las primeras espigas de grano ma-
duro de los campos de la mies, y cuando la gente subía a Jerusalén
para la Pascua, se agitaba la gavilla de primicias como ofrenda de
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agradecimiento delante de Jehová. No podía ponerse la hoz a la mies
para juntarla en gavillas antes que esa ofrenda fuese presentada. La
gavilla dedicada a Dios representaba la mies. Así también Cristo, las
primicias, representaba la gran mies espiritual que ha de ser juntada
para el reino de Dios. Su resurrección es símbolo y garantía de la
resurrección de todos los justos muertos. “Porque si creemos que
Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que
durmieron en Jesús.
Al resucitar Cristo, sacó de la tumba una multitud de cautivos.
El terremoto ocurrido en ocasión de su muerte había abierto sus