Página 75 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

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La voz que clamaba en el desierto
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ellos. Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para
convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la
prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.
Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy
viejo, y mi mujer avanzada en días.”
Zacarías sabía muy bien que Abrahán en su vejez había recibido
un hijo porque había tenido por fiel a Aquel que había prometido.
Pero por un momento, el anciano sacerdote recuerda la debilidad
humana. Se olvida de que Dios puede cumplir lo que promete. ¡Qué
contraste entre esta incredulidad y la dulce fe infantil de María,
la virgen de Nazaret, cuya respuesta al asombroso anunció del án-
gel fué: “He aquí la sierva del Señor; hágase a mí conforme a tu
palabra”
El nacimiento del hijo de Zacarías, como el del hijo de Abrahán y
el de María, había de enseñar una gran verdad espiritual, una verdad
que somos tardos en aprender y propensos a olvidar. Por nosotros
mismos somos incapaces de hacer bien; pero lo que nosotros no
podemos hacer será hecho por el poder de Dios en toda alma Sumisa
y creyente. Fué mediante la fe como fué dado el hijo de la promesa.
Es por la fe como se engendra la vida espiritual, y somos capacitados
para hacer las obras de justicia.
A la pregunta de Zacarías, el ángel respondió: “Yo soy Gabriel,
que estoy delante de Dios; y soy enviado a hablarte, y a darte estas
buenas nuevas.” Quinientos años antes, Gabriel había dado a conocer
a Daniel el período profético que había de extenderse hasta la venida
de Cristo. El conocimiento de que el fin de este período se acercaba,
había inducido a Zacarías a orar por el advenimiento del Mesías. Y
he aquí que el mismo mensajero por quien fuera dada la profecía
había venido a anunciar su cumplimiento.
Las palabras del ángel: “Yo soy Gabriel, que estoy delante de
Dios,” demuestran que ocupa un puesto de alto honor en los atrios
celestiales. Cuando fué a Daniel con un mensaje, dijo: “Ninguno hay
que se esfuerce conmigo en estas cosas, sino Miguel [Cristo] vuestro
príncipe.
El Salvador habla de Gabriel en el Apocalipsis diciendo
que “la declaró, enviándola por su ángel a Juan su siervo.
Y a
Juan, el ángel declaró: “Yo soy siervo contigo, y con tus hermanos
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los profetas.
¡Admirable pensamiento, que el ángel que sigue en