Página 92 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

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El Deseado de Todas las Gentes
intenso interés, consideró los sacrificios ofrecidos por Adán y sus
hijos. En esta ceremonia discernía el símbolo de la comunión entre la
tierra y el cielo. Se dedicó a interceptar esta comunión. Representó
falsamente a Dios, así como los ritos que señalaban al Salvador.
Los hombres fueron inducidos a temer a Dios como a un ser que
se deleitaba en la destrucción. Los sacrificios que debían revelar
su amor, eran ofrecidos únicamente para apaciguar su ira. Satanás
excitaba las malas pasiones de los hombres a fin de asegurar su
dominio sobre ellos. Cuando fué dada la palabra escrita de Dios,
Satanás estudió las profecías del advenimiento del Salvador. De
generación en generación, trabajó para cegar a la gente acerca de
esas profecías, a fin de que rechazase a Cristo en ocasión de su
venida.
Al nacer Jesús, Satanás supo que había venido un Ser comisiona-
do divinamente para disputarle su dominio. Tembló al oír el mensaje
del ángel que atestiguaba la autoridad del Rey recién nacido. Satanás
conocía muy bien la posición que Cristo había ocupado en el cielo
como amado del Padre. El hecho de que el Hijo de Dios viniese
a esta tierra como hombre le llenaba de asombro y aprensión. No
podía sondear el misterio de este gran sacrificio. Su alma egoísta no
podía comprender tal amor por la familia engañada. La gloria y la
paz del cielo y el gozo de la comunión con Dios, eran débilmente
comprendidos por los hombres; pero eran bien conocidos para Luci-
fer, el querubín cubridor. Puesto que había perdido el cielo, estaba
resuelto a vengarse haciendo participar a otros de su caída. Esto lo
lograría induciéndolos a menospreciar las cosas celestiales, y poner
sus afectos en las terrenales.
No sin obstáculos iba el Generalísimo del cielo a ganar las al-
mas de los hombres para su reino. Desde su infancia en Belén, fué
continuamente asaltado por el maligno. La imagen de Dios se ma-
nifestaba en Cristo, y en los concilios de Satanás se había resuelto
vencerle. Ningún ser humano había venido al mundo y escapado
al poder del engañador. Las fuerzas de la confederación del mal
asediaban su senda para entablar guerra con él, y, si era posible,
prevalecer contra él.
En ocasión del bautismo del Salvador, Satanás se hallaba entre
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los testigos. Vió la gloria del Padre que descansaba sobre su Hi-
jo. Oyó la voz de Jehová atestiguar la divinidad de Jesús. Desde