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La educación apropiada
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niños, entre las agradables y atrayentes escenas de la naturaleza, no
serán olvidadas inmediatamente.
Para tener salud, alegría, vivacidad y cerebro y músculos bien
desarrrollados, los niños y jóvenes deberían permanecer mucho
tiempo al aire libre y tener ocupaciones y distracciones debidamente
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sistematizadas. Los que están de continuo encerrados en la escuela y
limitados a los libros, no pueden tener una sana constitución física.
El ejercicio a que el cerebro está sometido por el estudio, sin un ejer-
cicio físico correspondiente, tiende a atraer la sangre a ese órgano,
y la circulación en el organismo queda desequilibrada. El cerebro
recibe exceso de sangre y las extremidades demasiado poca. Debiera
haber reglas que ajustasen los estudios a ciertas horas, dedicando
luego una parte del tiempo al trabajo físico. Y si los hábitos del niño
en el comer, vestir y dormir están en armonía con las leyes naturales,
podrá educarse sin sacrificar la salud física y mental.
Decadencia física de la especie humana
El libro del Génesis ofrece una reseña muy clara de la vida
social e individual, y a pesar de ello no tenemos noticia de que un
niño naciera ciego, sordo, lisiado, deforme o imbécil. No se registra
un caso de muerte natural en la infancia, la niñez o la temprana
edad viril. No hay relato alguno referente a hombres y mujeres que
muriesen de enfermedad. Las noticias necrológicas del libro del
Génesis dicen: “Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos
y treinta años, y murió”, y “fueron todos los días de Set novecientos
y doce años; y murió”. Acerca de otros, el relato dice que alcanzaron
gran edad, y murieron. Era tan raro que un hijo muriera antes que su
padre que tal acontecimiento fué considerado digno de anotarse. “Y
murió Harán antes que su padre Taré”. Harán era ya padre al tiempo
de su muerte.
Dios dotó originalmente al hombre de una fuerza vital tan grande
que le ha permitido resistir la acumulación de enfermedad atraída
sobre la especie humana como consecuencia de hábitos pervertidos,
y ha subsistido por espacio de seis mil años. Este hecho es de por
sí suficiente para evidenciarnos la fuerza y energía eléctrica que
Dios dió al hombre en ocasión de su creación. Se requirieron más
de dos mil años de delitos y satisfacción de las pasiones bajas para