Página 31 - La Edificaci

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El dominio de los apetitos y pasiones
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hombre que ha llegado a ser la propiedad de Jesucristo, y cuyo
cuerpo es el templo del Espíritu Santo, no será esclavizado por el
hábito pernicioso del empleo del tabaco. Sus facultades pertenecen a
Cristo, que lo ha comprado con el precio de su sangre. Su propiedad
es del Señor. ¿Cómo, pues, puede quedar sin culpa al gastar todos los
días el capital que el Señor le ha confiado para gratificar un apetito
que no tiene fundamento en la naturaleza?
Una enorme suma se malgasta todos los años en esta compla-
cencia, mientras que hay almas que perecen por falta de la palabra
de vida. Los profesos cristianos roban a Dios en los diezmos y las
ofrendas, mientras ofrecen sobre el altar del vicio destructor en el
uso del tabaco, más de lo que dan para aliviar a los pobres o para
suplir las necesidades de la causa de Dios. Los que están verda-
deramente santificados, vencerán todo deseo pernicioso. Entonces,
todos estos canales por donde circula el dinero invertido en cosas
innecesarias fluirán hacia la tesorería del Señor, y los cristianos serán
los primeros en la abnegación, el sacrificio propio y la temperancia.
Entonces serán la luz del mundo.
El té y el café
El té y el café, como el tabaco, tienen un efecto pernicioso sobre
el organismo. El té es intoxicante. Aunque en menor grado, su efecto
es el mismo en carácter que el de los licores espirituosos. El café
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tiene una mayor tendencia a entenebrecer el intelecto y a debilitar
las energías. No es tan poderoso como el tabaco, pero es similar en
sus efectos. Los argumentos presentados contra el tabaco también
deben ser empleados contra el uso del té y el café.
Cuando los que tienen el hábito de usar té, café, tabaco, opio,
o licores alcohólicos, son privados de esta complacencia habitual,
encuentran que es imposible participar con interés y con celo en el
culto de Dios. La gracia de Dios parece carente de poder para avivar
o espiritualizar sus oraciones o sus testimonios. Estos cristianos
profesos deben considerar la fuente de su gozo. ¿Es de arriba o de
abajo?
Al que usa estimulantes, todas las cosas le parecen insípidas sin
la complacencia favorita. Esto amortece las sensibilidades naturales
tanto del cuerpo como de la mente, y hace que éstos sean menos