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La Edificación del Carácter
Era un poderoso predicador, ferviente y profundo en su sinceridad,
y sus palabras llevaban consigo el peso de la convicción.
Una nueva criatura
El amor confiado y la devoción abnegada revelados en la vida
y el carácter de Juan, presentan lecciones de indecible valor para
la iglesia cristiana. Algunos pueden presentarlo como poseyendo
este amor, independiente de la gracia divina; pero Juan tenía, por
naturaleza, serios defectos de carácter; era orgulloso y ambicioso, y
ligero para resentirse por el desaire y la injuria.
La profundidad y el fervor del afecto de Juan por su Maestro no
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era la causa del amor de Cristo por él, sino el efecto de ese amor.
Juan deseaba llegar a ser semejante a Jesús, y bajo la influencia
transformadora del amor de Cristo, llegó a ser manso y humilde de
corazón. El yo estaba escondido en Jesús. Estaba íntimamente unido
con la vid viviente, y así llegó a ser participante de la naturaleza
divina. Tal será siempre el resultado de la comunión con Cristo. Esto
es verdadera santificación.
Puede haber defectos notables en el carácter de un individuo, y
sin embargo, cuando éste llega a ser un verdadero discípulo de Jesús,
el poder de la gracia divina lo convierte en una nueva criatura. El
amor de Cristo lo transforma, lo santifica, pero cuando las personas
profesan ser cristianas y su religión no las hace mejores hombres y
mujeres en todas las relaciones de la vida—representantes vivos de
Cristo en disposición y carácter—no son de él.
Lecciones en la edificación del carácter
En una oportunidad Juan estaba empeñado en una disputa con
varios de sus hermanos, sobre cuál de ellos sería considerado el
mayor. No tenían la intención de que sus palabras llegaran a oídos del
Maestro; pero Jesús leyó su corazones, y aprovechó la oportunidad
para dar a sus discípulos una lección de humildad. Esta no era sólo
para el pequeño grupo que escuchaba sus palabras, sino que había
de ser registrada para beneficio de todos sus seguidores, hasta la
terminación del tiempo. “Entonces él se sentó y llamó a los doce, y