Página 487 - El Evangelismo (1994)

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El trato con la falsa ciencia, los cultos, los ismos y las sociedades secretas
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sido santificados mediante la verdad. No poseen una fe que obra
por amor y purifica el alma. Se acostumbran a manejar las cosas
sagradas, y a causa de esto muchos manejan la Palabra de Dios en
forma irreverente. No han andado en la luz sino que han cerrado sus
ojos a la luz.
Esta es una época que se caracteriza por un notable rechaza-
miento de la gracia que Dios se ha propuesto derramar sobre su
pueblo, para que en los peligros de los últimos días no sean venci-
dos por la iniquidad que prevalecerá y no se unan con la hostilidad
del mundo contra el pueblo remanente de Dios. Bajo una capa de
cristianismo y santificación existirá una impiedad muy difundida
y manifiesta, la cual prevalecerá en un grado terrible y continuará
hasta que Cristo venga para ser glorificado en todos los que creen.
En los atrios mismos del templo se llevarán a cabo escenas que
pocas personas se imaginan. El pueblo de Dios será probado para
que Dios discierna la diferencia “entre el que sirve a Dios y el que
no le sirve”.—
Manuscrito 15, 1886
.
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Conflicto entre la falsa ciencia y la religión
—Se me ha adver-
tido que de aquí en adelante tendremos un conflicto constante. La
así llamada ciencia y la religión serán colocadas en mutua oposición
debido a que hombres finitos no comprenden el poder y la grandeza
de Dios. Se me presentaron las siguientes palabras de las Escrituras:
“Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas
perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”.
Hechos 20:30
. Esto
se verá ciertamente entre el pueblo de Dios, y habrá quienes serán
incapaces de percibir las verdades más admirables e importantes
para este tiempo, verdades que son esenciales para su propia seguri-
dad y salvación, en tanto que los asuntos que comparados con ellas
son como meros átomos, las cuestiones que escasamente tienen un
grano de verdad, serán considerados intensamente y serán magnifi-
cados por el poder de Satanás para que parezcan tener la más grande
importancia.
El discernimiento moral de estos hombres está enfermo; no sien-
ten su necesidad del ungimiento celestial necesario para que puedan
discernir las cosas espirituales. Se consideran demasiado sabios pa-
ra errar. Los hombres que no poseen una experiencia diaria en las
cosas de Dios no actuarán con sabiduría al tratar con las respon-
sabilidades sagradas; tomarán equivocadamente el error por luz y