Página 293 - El Hogar Cristiano (2007)

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La familia del pastor
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los padres, sin jamás pasar por alto a los niños. No considere a su
propio pequeñuelo como más precioso a los ojos de Dios que otros
niños
Una súplica a un hijo extraviado
—Tu padre es ministro del
Evangelio, y Satanás obra con mucho celo para inducir a los hijos
de pastores a deshonrar a sus padres. Si puede, los hará cautivos
de su voluntad y los llenará de malas propensiones. ¿Permitirás
que Satanás obre por tu intermedio para destruir la esperanza y
el consuelo de tus padres? ¿Estarán ellos obligados a considerarte
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con tristeza continua porque te entregas al dominio de Satanás?
¿Les legarás el desaliento de pensar que les tocó criar hijos que se
niegan a recibir sus instrucciones, y a toda costa siguen sus propias
inclinaciones?
Sientes buenos impulsos, y despiertas esperanza y expectativa
en el ánimo de tus padres; pero hasta aquí no has podido resistir la
tentación, y Satanás se regocija por tu disposición a hacer precisa-
mente lo que él quiere. A menudo haces declaraciones que inspiran
esperanza a tus padres, pero con la misma frecuencia fracasas porque
no quieres resistir al enemigo. No puedes comprender cuánto dolor
sienten tus padres cuando estás de parte de Satanás. Muchas veces
dices: “No puedo hacer esto,” y “no puedo hacer aquello,” cuando
sabes que lo que declaras imposible para ti es precisamente lo que
debes hacer. Puedes luchar contra el enemigo, no con tu propia fuer-
za, sino con la que Dios está siempre pronto a darte. Si confías en
su palabra, nunca dirás: “No puedo.” ...
Te suplico en el nombre del Señor que regreses antes que sea
demasiado tarde. Por ser hijo de padres que colaboran con Dios,
se espera de ti que estés bien dispuesto; pero es frecuente que,
por indocilidad, deshonres a tus padres y contrarrestes la obra que
ellos procuran hacer. ¿No tiene tu madre suficientes motivos de
sentirse oprimida y abatida sin que añadas tu rebeldía a su carga?
¿Te empeñarás en seguir una conducta tal que el corazón de tu padre
esté abrumado de pesar? ¿Te resulta placentero que todo el cielo te
mire con desagrado? ¿Te causa satisfacción el colocarte entre las
filas del enemigo, para recibir sus órdenes y ser dirigido por él?
¡Ojalá que ahora, mientras dura el día, te vuelvas al Señor! Ca-
da una de tus acciones te hace mejor o peor. Si ellas favorecen a
Satanás, dejan tras sí una influencia que continúa produciendo re-