Página 201 - El Ministerio de la Bondad (1977)

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El trabajo en favor de los desheredados
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Cristo anhela rehabilitar el carácter
—No importa cuán ba-
jos, caídos, deshonrados y envilecidos otros puedan ser, nosotros
no debemos despreciarlos e ignorarlos con indiferencia; sino que
deberíamos considerar el hecho de que Cristo ha muerto por ellos.
... Cristo anhela rehabilitar el carácter humano, restaurar la imagen
moral de Dios en los hombres.—
The Review and Herald, 15 de
octubre de 1895
.
Cristo los considera como de gran valor
—Cada alma es el ob-
jeto del amoroso interés de Aquel que dió su vida para poder traer de
vuelta a los hombres hacia Dios. Este ansioso y perseverante interés
expresado por nuestro Padre celestial nos enseña que los desam-
parados y perdidos no deben ser pasados por alto con indiferencia.
Ellos son la creación de Dios y el objeto de su redención. Si los
juzgamos por nuestro propio criterio, podríamos estimar a muchos
que se encuentran degradados como si no tuvieran esperanza. Pero
el Señor ve el valor de la plata en ellos. Aunque no busquen ayuda,
él los considera de gran valor. El que ve más allá de lo superficial,
sabe cómo tratar a las mentes humanas. Sabe cómo atraer a los
hombres al arrepentimiento. Sabe que si ellos se ven a sí mismos
como pecadores, se arrepentirán y se convertirán a la verdad. Esta
es la obra que se nos ha encomendado.—
Carta 80, 1898
.
No hemos de preguntar: “¿Son dignos?”
—Al oír la súplica
de los errantes, los tentados, las míseras víctimas de la necesidad
y del pecado, el cristiano no pregunta: ¿Son dignos? sino: ¿Cómo
puedo ayudarlos? Aun en los más cuitados y degradados, ve almas
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por cuya salvación murió Cristo, y por quienes confió a sus hijos el
ministerio de la reconciliación.—
El Discurso Maestro de Jesucristo,
26
.
Descubiertos por la obra médico-misionera
—Se me ha in-
dicado que la obra misionera médica descubrirá en las mismas
profundidades de la degradación a hombres que, aunque se han
entregado a costumbres intemperantes y disolutas, responderán a
la labor apropiada. Pero es necesario reconocerlos y estimularlos.
Se necesita un esfuerzo firme, paciente y ferviente para elevarlos.
No pueden restaurarse a sí mismos. Pueden oír el llamamiento de
Cristo, pero sus oídos están demasiado embotados para discernir su
significado; sus ojos están demasiado ciegos para ver lo bueno que
está en reserva para ellos. Están muertos en delitos y pecados. Sin