Página 271 - El Ministerio de la Bondad (1977)

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Apéndice incidentes personales de Elena G. de White...
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empleo a sus hijos e hijas, pero necesitamos un abundante fondo
de caridad del cual disponer para evitar que estas familias mueran
de hambre. Los que necesitan nuestra ayuda no son de la clase de
los vagabundos, sino hombres que han ganado en tiempos prósperos
hasta veinte y cuarenta dólares por semana. ... Compartí las provi-
siones de mi hogar con familias de esta clase, yendo a veces hasta
unos 18 kilómetros de distancia para aliviar sus necesidades (
Ibid
.).
Preocupada por un estudiante necesitado
—Sírvase pregun-
tarle al hermano ----- en cuanto a la ropa que necesita, y lo que
necesite, proporcióneselo y cárguelo a mi cuenta. El no ha recibido
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su baúl y temo que sufra por la necesidad de mudas de ropa.—
Carta
100, 1893
.
Ayudando a un ministro enfermo
—El hermano y la hermana
A. han estado trabajando en Ormondville, a unos 160 kilómetros
de aquí, con buenos resultados. ... Lo encontré en Napier y él me
dijo que yo era quien lo había mandado al colegio de Healdsburg,
pagando sus gastos para que obtuviera una educación. Quedé muy
agradecida de ver los resultados de esa inversión.
Enviamos al hermano A. ... al instituto de Santa Helena. ... está
sufriendo mucho. He destinado trescientos dólares para este caso,
aunque hay muchos casos donde se necesita cada dólar, pero veo
con claridad que debo ayudar en este caso. Este es un caso en el que
deben mostrar su simpatía de una manera tangible los que aman y
temen a Dios y se acuerdan de que Cristo identificó su interés con la
humanidad doliente.—
Cartas 79 y 33, 1893
.
La señora de White hace frente a los problemas de la crisis
Los miembros de la familia del hermano M. son muy trabajadores,
pero no tienen trabajo. No debemos permitir que pasen hambre,
ni sufran por falta de ropa, ni se desanimen. Han sido comprados,
comprados por la sangre de Cristo y son de valor ante Dios. Mientras
estemos en este país continuaremos ayudando a los pobres y desva-
lidos hasta donde sea posible. El hermano M. tiene hipotecada su
propiedad. Pagué los intereses del último trimestre, siete libras, por
lo cual no espero nada, pero yo no estaba dispuesta, ni podía ver que
esa familia fuera echada a la calle. ... Oramos muy fervientemente
para que el Señor obre en favor de esta querida familia.
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Estamos angustiados con perplejidad, por comprender nuestro
deber hacia todos estos que sufren. Hay muchas familias que están