Página 64 - El Ministerio de la Bondad (1977)

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El Ministerio de la Bondad
El trabajo para toda clase de gentes
—Por doquiera hay una
obra que debe hacerse para todas las clases sociales. Hemos de acer-
carnos a los pobres y a los depravados, a los que han caído debido
a la intemperancia. Y, al mismo tiempo no debemos olvidarnos de
los encumbrados: abogados, ministros, senadores y jueces, muchos
de los cuales son esclavos de los hábitos de la intemperancia. No
debemos perder ninguna oportunidad para mostrarles que su alma
tiene valor y que vale la pena hacer un esfuerzo para ganar la vida
eterna.—
Testimonies for the Church 7:58
.
Llamados a diferentes tipos de trabajo
—El Señor llama a su
pueblo para que emprenda diferentes tipos de obra misionera, que
siembre en todas las aguas. No hacemos sino una pequeña parte de
la obra que él desea que hagamos entre nuestros vecinos y amigos.
Siendo bondadosos con los pobres, los enfermos o los desposeídos,
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podríamos obtener una influencia sobre ellos, de modo que la verdad
divina encontrara acceso a su corazón. No debiéramos pasar de
largo sin aprovechar ninguna oportunidad de servicio. Esta es la
obra misionera más elevada que podemos hacer. La presentación
de la verdad con amor y simpatía de casa en casa, está en armonía
con la instrucción de Cristo a sus discípulos en su primer viaje
misionero.—
The Review and Herald, 6 de junio de 1912
.
Ayudad a la humanidad como lo hizo Cristo
—Mientras él
[Cristo] pasaba por los pueblos y ciudades, era como una corriente
vital que difundía vida y gozo por dondequiera que fuera.
Los seguidores de Cristo han de trabajar como él obró. Hemos
de alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos y consolar a
los dolientes y afligidos. Hemos de ministrar a los que desesperan e
inspirar esperanza a los descorazonados.—
El Deseado de Todas las
Gentes, 316
.
La obra que cada iglesia debiera haber estado haciendo
La obra de reunir a los menesterosos, los oprimidos, los dolientes,
los indigentes, es la obra que cada iglesia que cree la verdad para este
tiempo debiera haber estado haciendo desde hace mucho. Debemos
manifestar la tierna simpatía del samaritano y suplir las necesidades
físicas, alimentar a los hambrientos, traer a los pobres sin hogar a
nuestras casas, pedir a Dios cada día la gracia y la fuerza que nos
habiliten para alcanzar las mismas profundidades de la miseria hu-
mana y ayudar a aquellos que no pueden ayudarse. Cuando hacemos