Página 72 - El Ministerio de la Bondad (1977)

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El Ministerio de la Bondad
y se debe revelar en cada vida. Este amor sólo puede existir y se
puede conservar refinado, santo, puro y elevado mediante el amor
del alma por Jesucristo, alimentado por la comunión diaria con Dios.
Toda esta frialdad de parte de los cristianos es una negación de la fe.
Pero este espíritu se desvanecerá ante los brillantes rayos del amor de
Dios en el seguidor de Cristo. Voluntaria y naturalmente obedecerá la
orden: Que os améis unos a otros: como os he amado”.—
Manuscrito
60, 1897
.
Orad pidiendo un corazón que simpatice
—Tan ciertamente
como creemos en Cristo y hacemos su voluntad, sin exaltación
propia, sino caminando en toda humildad de la mente, así también
ciertamente el Señor estará con nosotros. ... Orad que Dios os dé un
corazón de carne, un corazón que pueda sentir los dolores ajenos,
que pueda ser conmovido con la angustia humana. Orad que Dios os
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dé un corazón que no permita que hagáis oídos sordos a la viuda o al
huérfano. Orad que podáis ser vasos de misericordia para el pobre, el
desvalido y el oprimido. Orad que podáis amar la justicia y odiar el
fraude, y que no hagáis diferencia en la dádiva de vuestros favores,
con la excepción de tener en cuenta los casos de los necesitados
e infortunados. Entonces se cumplirán en vosotros las promesas
registradas en
Isaías 58
.—
Carta 24, 1889
.
Hablad una palabra de ánimo
—Nunca seáis fríos, sin corazón
y simpatía, ni dados a la censura. Nunca perdáis una oportunidad
de decir una palabra que anime e inspire esperanza.—
Joyas de los
Testimonios 2:256
.
Al trabajar en pro de las víctimas de los malos hábitos, en vez
de señalarles la desesperación y ruina hacia las cuales se precipitan,
dirigid sus miradas hacia Jesús. Haced que se fijen en las glorias
de lo celestial. Esto será más eficaz para la salvación del cuerpo y
del alma que todos los terrores del sepulcro puestos delante del que
carece de fuerza y aparentemente de esperanza.—
El Ministerio de
Curación, 41
.
Nadie es regenerado con oprobios
—Es siempre humillante
que se nos señalen nuestros errores. Nadie debe amargar tan triste
experiencia con censuras innecesarias. Nadie fué jamás regenerado
con oprobios, pero éstos han repelido a muchos y los indujeron a
endurecer sus corazones contra todo convencimiento. La ternura, la