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Mensajes Para los Jóvenes
indispensables de una piedad inteligente. Si dedican al placer y las
diversiones la preciosa mente que debería ser fortalecida por un
propósito elevado y noble, degradan las facultades que Dios les ha
dado y se hacen culpables a su vista, porque no mejoran sus talentos
mediante un uso sabio.
Su espiritualidad empequeñecida es una ofensa a Dios. Manchan
y corrompen las mentes de aquellos con quienes se asocian. Por
sus palabras y acciones estimulan el descuido y la desatención de
las cosas sagradas. No sólo ponen en peligro sus propias almas,
sino que dan un ejemplo perjudicial a todos aquellos con quienes se
relacionan. Son enteramente incompetentes para representar a Cristo.
Siendo siervos del pecado, descuidados, temerarios y desatinados,
hacen apartar a otros del Señor.
Los que se satisfacen con normas bajas, no llegan a ser colabo-
radores de Dios. A los que permiten que su mente vaya a la deriva,
hacia donde irá si no se la vigila, Satanás les sugiere cosas que la
absorben en tal forma, que los hace adiestrarse en su ejército, para
engatusar a otras almas. Pueden profesar ser religiosos, pueden tener
una forma de la piedad, pero son amadores de los placeres más bien
que de Dios.
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La habilidad no es piedad
Hay jóvenes que tienen cierta clase de habilidad, reconocida y
admirada por sus relaciones, pero esta habilidad no está santificada.
No está fortalecida y solidificada por las gracias y las pruebas de la
experiencia, y Dios no puede usarla para beneficiar a la humanidad
y glorificar su nombre. Bajo la máscara de la piedad, usan sus fa-
cultades para erigir normas falsas, y los inconversos lo consideran
como excusa para seguir su errónea conducta. Satanás los induce
a divertir a sus compañeros con su tontería y así llamada agudeza.
Todo lo que emprenden tiende a la vulgaridad, porque se hallan bajo
el control del tentador, quien dirige y modela sus caracteres a fin de
que hagan su obra.
Tienen habilidad, pero sin cultivar; tienen capacidad, pero sin
aprovechar. Han recibido talentos, pero los usan mal y los degradan
con necedades, arrastrando a otros a su propio bajo nivel. Por la
vergüenza y el vituperio que soportó, por la abnegación, el sacrificio