Página 292 - El Ministerio M

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Un trabajo noble
La administración de nuestros sanatorios implica mucho. Quie-
nes se relacionan con los sanatorios tienen una noble labor que
realizar, y deben mantener los principios correctos en forma estricta.
Los trabajadores deben dedicarse al establecimiento y el apoyo de la
obra de Dios de acuerdo con lo que él ha señalado, y al esparcimiento
de los principios de la verdadera temperancia en el comer, el beber
y el vestir. Impartir conocimiento de esta importancia y de la gracia
salvadora y la misericordia de Dios es el trabajo más honorable y
noble al cual los adventistas del séptimo día puedan dedicarse. De
esta manera honran a Dios y adelantan sus propios intereses para
esta vida y para la vida futura y eterna. El ejemplo de ellos redunda
en la salvación de las almas por las cuales Cristo dio la vida.
Una norma elevada
En nuestros sanatorios debemos esforzarnos por exaltar una alta
norma. Debe flamear siempre el estandarte de la verdad, la bon-
dad y la utilidad. Los frutos bendecidos del árbol evangélico deben
manifestarse en una consagración completa: en vidas santas. Todo
verdadero obrero del Maestro debe ser como una ciudad asentada
sobre un monte, que no se puede ocultar. Los médicos y adminis-
tradores de nuestras instituciones de salud deben estar en guardia;
de otro modo, negarán con certeza los principios de la verdad y de
la justicia, que exaltan al Señor del cielo. Deben tener a Dios en el
corazón, o darán a los demás un ejemplo que será para su ruina.
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Ellos serán tentados a complacer los gustos y hábitos del pueblo
no consagrado al traer innovaciones, y la bendición de Dios se quitará
de la obra. Recordad siempre que a la vista de Dios un corazón
manso y humilde constituye el verdadero valor, lo mismo que el
ornato de un espíritu afable y apacible, lo que él considera de grande
estima. Dios puede bendecir al humilde y al manso. Puede usarlos
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