Página 323 - El Ministerio M

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En lugar de un padre
Todas nuestras instituciones deben ser agencias misioneras en
todo el sentido de la palabra. No debe permitirse ninguna actividad
que obstaculice la obra de salvar almas. Se debe realizar obra misio-
nera en toda institución. Desde el administrador hasta el trabajador
más humilde, todos deben sentir una responsabilidad por quien no
se haya convertido entres sus colaboradores. Deben hacer serios
esfuerzos para ganarlos a Cristo. Como resultado de tal esfuerzo,
ganarán a muchos para el Salvador y llegarán a ser fieles y veraces
en el servicio a Dios. La vida religiosa consecuente, la conversa-
ción santa, la integridad insobornable, el ejemplo piadoso: éstos son
los medios que Dios utiliza para traer convicción al corazón y a la
conciencia de los incrédulos.
Mis hermanos, en su providencia Dios ha colocado a hombres jó-
venes que no han aceptado a Cristo como su Salvador en asociación
con vosotros en líneas comerciales. Habéis tenido años de experien-
cia en la verdad y tenéis vuestros propios hijos. Debéis saber cómo
tratar con estos jóvenes de una forma que los atraigáis más cerca de
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Salvador. Sin embargo, como el Señor me ha presentado el asunto,
habéis hecho poco por ganarlos, poco esfuerzo por mostrarles amor
y respeto. Si se convirtieran, estos jóvenes podrían ser utilizados por
el Señor en su obra. Pero, ¿quién de entre vosotros, de más edad,
y más amplia experiencia, ha llevado en el corazón la carga de la
salvación de ellos? Cristo murió para salvarlos. ¿Habéis revelado
ante ellos una ternura como la de Cristo? ¿Habláis con ellos como
si los considerarais dignos de la salvación, o los rechazáis? ¿Les
habéis dado evidencia de que tenéis un interés amante y tierno por
ellos, o por vuestra actitud les habéis mostrado que los consideráis
indignos de vuestra atención?
Dios hace responsable a los administradores de sus instituciones
de tratar a los jóvenes empleados en ellas con cortesía, respeto y
afabilidad paternal. Deben tratarlos como desearían ser tratados por
Cristo. Nuestra primera labor, como el Señor me lo ha presentado,
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