Página 117 - El Ministerio Pastoral (1995)

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Las relaciones dentro de la iglesia
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Los miembros no deben esperar que el ministro haga el tra-
bajo de la iglesia
—Los ministros no deben hacer el trabajo que
pertenece a los laicos, fatigándose así, e impidiendo a otros que
cumplan con su deber. Deben enseñar a sus miembros cómo trabajar
en la iglesia y en la comunidad, para levantar la iglesia, para hacer la
reunión de oración más interesante, y para entrenar como misioneros
a jóvenes talentosos. Los miembros de iglesia deben cooperar acti-
vamente con los ministros, haciendo de su vecindario su campo de
labor misionera. Las iglesias que son débiles y con pocos miembros,
deben ser custodiadas por sus iglesias hermanas.—
The Review and
Herald, 12 de octubre de 1886
.
Los miembros que dependen del ministro para recibir po-
der, se tornan en almas estériles
—El éxito de la iglesia no depen-
de de los esfuerzos y el trabajo del predicador activo, sino de la
devoción individual de los miembros. Cuando los miembros depen-
den del ministro como su fuente de poder y rendimiento, se tornan
completamente impotentes. Ellos se embeberán de sus impulsos, y
serán estimulados por sus ideas, pero cuando los deje, se hallarán en
una condición más desesperante que antes que les rindiera sus servi-
cios. Yo espero que ninguna de las iglesias de la tierra dependa del
ministro como apoyo para su vida espiritual, pues ésto es peligroso.
Cuando Dios les da luz, deben alabarlo a él. Si exaltan al mensajero,
se tornarán en almas estériles. Tan pronto como una iglesia pide
los servicios de un ministro en particular, y los miembros sienten
que debe quedarse con ellos, es tiempo que sea cambiado a otro
campo, para que ellos aprendan a ejercitar la habilidad que Dios
les ha otorgado. Que la gente salga a trabajar. Que agradezcan a
Dios por el ánimo que han recibido, y entonces manifiesten que han
forjado en ellos una buena obra. Que cada miembro de iglesia sea un
agente viviente, activo para Dios, en la iglesia y fuera de ella. Todos
debemos ser educados para ser independientes, no incompetentes
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e inútiles. Que se vea que Cristo es la cabeza de la iglesia, no el
ministro. Los miembros del cuerpo de Cristo tienen una parte que
hacer, y no podrán ser hallados fieles a menos que hagan su parte.
Que una obra divina sea forjada en cada alma, hasta que Cristo
contemple su imagen reflejada en sus seguidores.—
The Signs of the
Times, 27 de enero de 1890
.